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Ensayo

El error más común para ponerse a pensar

Pensar por cuenta propia es difícil, muy difícil. La pura lógica no basta, porque la corrección formal del discurso requiere completarse con la aceptación de ciertas premisas conocidas y verdaderas. Es decir, se requiere tener experiencia encarnada en el mundo para distinguir lo verdadero de lo falso, aunque sea en un nivel rudimentario.

Me parece que un primer paso para pensar de manera autónoma y disponerse a encontrar la verdad, es estar prevenido frente al poder de las palabras, como enseña Aristóteles en un librito poco estudiado llamado Las Refutaciones Sofísticas.

Según el pensador griego, no existe una correspondencia total entre el lenguaje y la realidad, lo que da lugar a que uno se deje llevar por las palabras y oraciones como si representaran totalmente el mundo. Dice que éste es el origen más común del error al momento de sentarse a pensar.

Las palabras están cargadas de veneno y virtud, porque una sola de ellas puede significar distintas cosas. En términos técnicos, este fenómeno es un caso de homonimia o equivocación.

Por ejemplo, la palabra 'vela' puede significar tanto el estado de vigilia por la noche para hacer la guardia como el cilindro de cera usado para iluminar, e incluso también la tela de los barcos para moverse con el viento. Otro ejemplo: la palabra 'cabo' da tanto para referirse al accidente geográfico (el Cabo de Buena Esperanza o de Hornos) como al cabo González del ejército. Vela y cabo son, pues, palabras equívocas.

La dificultad está en que las palabras elementales del pensamiento, aquéllas sobre las que se pretende erigir la filosofía, son de esta clase, porque son las que significan los conceptos más universales como ser, pensar, tiempo, identidad, etc.

Y con esto llegamos al problema de la actualidad. La palabra 'filosofía' es de esta clase en la medida en que significa distintas posiciones, escuelas y corrientes de pensamiento; incluso algunas contrarias entre sí. Puedes ver la homonimia en que para Aristóteles, por ejemplo, la filosofía consiste en la contemplación de las verdades eternas del ser. Para Marx, en cambio, es una praxis social contingente que pretende transformar el mundo. Así, sus filosofías se oponen pese a que se sirven de la misma palabra para describir su quehacer como si procedieran de una misma tradición.

Por eso también, quienes se dedican a estas cuestiones se preocupan antes que nada de redefinir lo que entienden por "filosofía", señalando sus límites, su relación con la ciencia y sus fines, para autocalificarse después como filósofos. Y esta es la razón de que este portal se llame filósofo.com, porque detrás de cada pensamiento hay una persona de carne y hueso con un mundo propio en que lo desarrolla y un mundo compartido donde lo hace público. A fin de cuentas, el filósofo es un quién, un sujeto desplegado en una biográfia de descubrimiento.

El problema surge para quien mira desde lejos, debido a que no tiene cómo distinguir unos de otros, pues le parece que caen todos los pensadores en la misma bolsa de gatos en que se ha convertido la filosofía. Frente a esta situación, Aristóteles reservó la palabra 'sofística' para referirse a su versión deformada. Quien cultiva esta disciplina, el sofista como contrapartida del filósofo, no se toma la molestia de dedicar una vida entera a la búsqueda de la verdad. Le basta solamente con aparentar que sabe y lucrar con ello.

Sin embargo, gracias a la estructura administrativa de las facultades de filosofía en las universidades modernas, no es posible distinguir en ellas al sofista del filósofo, porque allá adentro son todos colegas al margen de la posición teórica que sostenga cada uno. Es decir, por derecho propio son todos filósofos al estar adscritos a alguna facultad y no porque adhieran a determinada escuela o tradición de pensamiento. Por ejemplo, pese a las diferencias insalvables en sus respectivas posiciones, tan filósofos serían los seguidores de Tomás de Aquino como los escritores posmodernos, como Jacques Derrida. Aunque desde afuera yo llamaría sofistas a los segundos.

La cuestión ha llegado a tal nivel de absurdo que incluso algunos filósofos declaran muerta a la propia disciplina que cultivan.

¡Muerta!

Pero ya es tiempo de que la filosofía salga al mercado con sus escuelas, tal como lo hizo en sus orígenes.

Poco y nada tiene que ver esto con la manera en que se enseña hoy en las facultades la historia de algunos sistemas de pensamiento ordenados de acuerdo con una cronología dudosa: Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea, donde se insertan distintos personajes célebres e influyentes en una línea imaginaria de tiempo. La filosofía se ha convertido de este modo en el estudio sistemático de las opiniones de los hombres pasados.

Mi propuesta es que fuera de las facultades universitarias, su aparente unidad podría diversificarse en escuelas bien definidas de pensamiento, que ostenten principios y postulados claros y públicos, para que el joven estudiante que emprende un camino tan largo como difícil, pueda recibir el valor real que hay en cada posición. Valga como ejemplo que San Agustín estudió con los maniqueos antes de retomar la senda neoplatónica luego de su conversión. Lo que no encontró en una escuela lo encontró en otra y la peor terminó por desaparecer.

Por consiguiente, para pensar de manera autónoma y disponerse a encontrar la verdad hay que definir primero, antes de cualquier otra cosa, lo que uno entiende bajo una palabra, para que quien te escuche pueda contemplar lo mismo que tú. Y en ese ejercicio conviene revisar los distintos significados con los que ya cuenta. En este sentido, las academias de la lengua se limitan a recoger estas variaciones en las acepciones del diccionario.

Así que nunca discutas sin acordar con tu oponente los significados de los términos en discusión. Que te sirva de ejemplo que ni los filósofos se ponen de acuerdo en qué es la filosofía.

Breve ensayo sobre el éxito personal

Chesterton escribía hace poco más de un siglo un breve artículo titulado La falacia del éxito, donde, además de reírse de los escritores de autoayuda financiera de su época por ser malos escritores, critica la idea que venden bajo la etiqueta del éxito. La tendencia de la cultura del capitalismo de asociar el éxito con la felicidad busca reducir la vida humana al trabajo, idea que se vende bajo la consigna de un individuo empoderado que dirige su propio destino, pero no de cualquier manera, sino que ha de hacerlo en la gran corporación o construyendo una desde el garaje.

Como cualquier religión, la cultura corporativa promete una realización personal, salvo que esta vez su templo es la oficina, y su Dios, el trabajo. Una visión de este tipo supone una cierta imagen de la vida humana y el lugar del trabajo en ella. Así, el nuevo discurso de la empresa se ha vuelto cada vez menos economicista hasta verse inundado por clichés filosóficos. Pero, ¿la fórmula del Evangelio Corporativo éxito=felicidad tiene algún trasfondo de verdad?

Hablaré del éxito a partir de mi experiencia del fracaso.


Pese a haber fracasado recientemente con un proyecto al que le dediqué diez años de mi vida, hoy me siento más realizado que nunca. No, porque la vida no presente desafíos, que eso es parte esencial de estar anímicamente vivo, sino porque me atreví a poner el trabajo en su lugar adecuado: por fin me mudé a la selva de Costa Rica, donde vivo con mi familia. Aprendí que para llevar una vida auténtica, aquella que uno anhela construir desde dentro hacia afuera, no hay que anteponer el dinero, sino que éste debe ser la consecuencia de una elección existencial previa.

Parece obvio, pero antes pensaba que tenía que contar con varios millones de dólares en el banco para poder construir una vida al margen de caminos preestablecidos, ya sabes, salirse de la carrera de ratas como la llaman algunos. Pero me di cuenta que se te puede ir la vida en ello. Me di cuenta de que, a mayor envergadura del proyecto, más dedicación demanda, y así puede llegar a consumirte por completo. Enfrentar la quiebra de mi empresita, aquella que prometía financiar mi estilo de vida, fue un alivio, porque abrió la posibilidad de reordenar mi vida de acuerdo con lo que dictaba mi corazón, en responder por fin a eso que llaman vocación (la filosofía y los libros).

En términos existenciales, sería algo así como radicarse en la existencia auténtica, viviendo al margen del mundo conformado por la opinión de los demás o de imágenes de éxito impuestas desde el exterior. Quizás algo tarde entendí lo que el éxito significaba para mí. Entendí que esperar a ser millonario para llevar una vida auténtica no es más que una ilusión por dos razones:

1) Todos los millonarios que he conocido trabajan como si no hubiera un mañana y viven como si no tuvieran un peso en su billetera. Es cierto: comen rico, salen con supermodelos, viajan seguido, pero el trabajo acapara la mayor parte de (para no decir toda) su vida con altos niveles de estrés.

2) Aunque fuese millonario, tomaría la misma decisión que he tomado en mis circunstancias actuales: me iría a vivir a un lugar rural donde pudiera vivir de manera sencilla en contacto con la naturaleza y disponer de tiempo para dedicarme a los asuntos que para mí son los importantes, como el cultivo de los afectos en mi círculo de amor inmediato, la educación de mis hijos, y contar con el ocio suficiente para leer y escribir.

Anteponer la generación de dinero a lo que realmente quería fue un gran error. Hoy me doy cuenta de que aquello no era más que una ilusión de seguridad para hacer más confortable el riesgo y el costo que conlleva equivocarse. Pues equivocarse sale caro y alguien tiene que pagar esos costos. Se trata de una seguridad sicológica, acaso fantasmagórica, asociada a un cierto número en la cuenta corriente que siempre está en el futuro. "Cuando pase tal cosa, me dedicaré a lo que realmente quiero". Y así uno escapa de uno mismo.


Me di cuenta que la trampa de la riqueza está en que subyuga la vida en la misma medida en que uno termina trabajando para obtenerla. Y lo peor es que la idea es más vieja que el hilo negro. La clave está en el vivir para: puede ser para Dios, la familia, el hogar, la empresa (sea ésta propia o ajena), los amigos y los artefactos. Como el tiempo es limitado, y no alcanza para todo, hay que priorizar.

Y ordenar esta dimensión como uno quiera tiene consecuencias prácticas. Porque cada fin escogido resultará en una vida distinta, de tal manera que, mientras más personal es el objetivo trazado, mientras más propio es el equilibrio entre estos aspectos vitales, más auténtica y lograda será la vida. Y es imposible no enfrentar esta situación: si no lo ordenas tú, alguien más lo hará por ti.

Hay quienes otorgan todo su tiempo al trabajo, como el célebre caso de Elon Musk cuyo horario semanal pasó a ser un meme.

Hay otros que entregan su tiempo a Dios, como el famoso padre Pío y los innumerables monjes anónimos cuyas biografías jamás se escribirán.

Hay otros que reservan su tiempo para compartir con su esposa y educar a sus hijos, anteponiendo esto a todo lo demás.

Lamentablemente hay otros que botan su tiempo a la basura, saltando de moda en moda.

Sea como sea, a algo hay que asignarle un tiempo, como dice el Eclesiastés 3:1-8, y eso depende únicamente de ti.


A fin de cuentas, 'éxito' es una de esas palabras que tienen muchos significados, que en este caso se refieren a la consecución de un fin intentado, a la realización de un objetivo trazado. De este modo éxito significa lo mismo que logro. Por lo mismo el éxito personal, a diferencia del éxito corporativo, pone el énfasis en la realización de un proyecto de vida en el que el trabajo se encuentra ponderado.

Mi visión del éxito, que me llega recién a los cuarenta años, ha sido la elección de una vida que deja atrás otras opciones que ya no fueron. En atreverme a vivir una vida filosófica en un mundo eminentemente práctico, productivo y consumista, que no valora la búsqueda y contemplación de la verdad de las cosas. Y aunque fracase en los resultados, ya sea que nadie lea mis libros, o que no tenga suscriptores en filósofo.com, todo eso será accidental, porque mi satisfacción está en haberlo intentado: en haber vivido de acuerdo a quién soy yo.

Visto así, me parece que si la fórmula corporativa tiene algún grado de verdad, es porque hay que trabajar para construir una vida auténtica. La falacia está en identificar ese trabajo que en la tradición filosófica se llamaba práxis, con el trabajo productivo o directivo, que en la filosofía se llamaba póiesis.

Por eso, me pregunto si el trabajo no será la excusa moderna para escapar de uno mismo, de distraerse en el tiempo productivo para escapar de la responsabilidad con la propia vida que trae el tiempo contemplativo. Dedicarse a la filosofía es una vía alternativa que te desafía a ocupar el tiempo en conocerte a ti mismo y en indagar en las cuestiones fundamentales, por cierto, en la medida de lo posible y ajustado a las circunstancias de cada quien.

La profecía de Aldous Huxley

Seguro que conoces la famosa obra de Aldoux Huxley 'Un mundo feliz' (1931). A propósito de conspiraciones, te sorprenderá saber que escribió una especie de apéndice a esa obra titulado 'Nueva visita a Un Mundo Feliz' (1958) en la que se refiere al primero en estos términos:

«En 1931, cuando fue escrito Un Mundo Feliz, yo estaba convencido de que se disponía todavía de muchísimo tiempo. La sociedad completamente organizada, el sistema científico de castas, la abolición del libre albedrío por el acondicionamiento metódico, la servidumbre hecha aceptable por dosis regulares de bienestar químicamente inducido y las ortodoxias inculcadas en cursos nocturnos de enseñanza durante el sueño eran cosas que venían, desde luego, pero no en mi tiempo, ni siquiera en el tiempo de mis nietos»(p. 7)

Y acá se tira la frase que da que pensar:

«Las profecías que hice en 1931 se están haciendo realidad mucho más pronto de lo que pensé» (p. 8)

¿Cómo? ¿Profecías? ¿No que era una novela de ciencia ficción? Un conspiranoico tomaría el sentido literal de sus palabras: la obra es un compendio de profecías noveladas. Alguien que se resiste a ver un plan maestro detrás de la historia dirá que se trata de una metáfora o un descuido del autor.

Pero si uno sigue leyendo, podrá notar que está muy seguro del tono profético de sus palabras, por cierto, no en un sentido inspirado por Dios, sino más bien por la capacidad de prever hechos futuros a partir de conocimiento del presente. El mundo descrito en la profecía es uno “excesivamente ordenado...donde la perfecta eficiencia no dejaba sitio para la libertad o la iniciativa personal”.

¿Qué sabía este hombre que los mortales de a pie ignoramos? ¿Cómo habrá llegado a un conocimiento tan detallado de los eventos que marcaron el siglo pasado cuyos efectos se están viendo en nuestro presente? ¿Será debido a que su familia era de la élite de Inglaterra y su hermano, Julian Huxley, fue un conocido biólogo eugenista, primer director de la Unesco a la vez que presidente de la Socidad Eugenésica?

Me imagino sus conversaciones:

-Pero cuéntame, Julian- le preguntaba Aldous a su hermano en la sobremesa del almuerzo dominical-, ¿y en qué estás trabajando?

-En un plan de dominio mundial, pero eso es todo lo que te puedo contar.

-Ya, pues, cuéntame- insistía mientras sacaba secretamente su cuaderno de notas de su maletín bajo la mesa.

Julian se largó finalmente luego de un par de copas.

Así, luego de comparar brevemente su obra con la igual de famosa '1984' de G. Orwell, concluye lo siguiente:

«Cabe decir que las probabilidades se inclinan actualmente más en favor de algo parecido a Un Mundo Feliz que en favor de algo parecido a 1984» (p. 9)

Comentaristas actuales dirán que el nuevo orden social que se está gestando es una mezcla de ambos.

La cuestión de la libertad personal es lo que hace el libro interesante:

«Hasta en los países que tienen una tradición de gobierno democrático parece que se está desvaneciendo esa libertad y hasta el deseo de esa libertad. En el resto del mundo, la libertad de los individuos ha desaparecido ya o está desapareciendo manifiestamente» (p. 8)

Por mi parte, soy tan poco optimista como se declara Huxley en esta breve libro que te invito a leer. Lo peor es que nos resistimos a aceptarlo. La estrategia del avestruz. O solamente una novela para disfrutar con un café.


De conspiraciones y esas cosas

Hoy te quiero presentar en español un breve escrito del reconocido economista y pensador libertario Murray Rothbard (1926-1995) para reflexionar sobre los alcances de la conspiración como método de análisis político. Antes de entrar en la lectura del texto, creo te serán de ayuda algunos precisiones sobre esta palabra tan cargada de animosidades.

La etimología es elocuente: viene del latín con- (todo, junto) y spirare (exhalar el aire del cuerpo, respirar, misma raíz presente en 'espíritu', para referirse por analogía a lo invisible que anima el cuerpo). Así, conspirar no sería otra cosa que respirar en conjunto, lo que da a entender una comunión estrecha entre quienes se reúnen para actuar en vista de un mismo objetivo. Si has ido a una clase guiada de yoga podrás hacerte una idea de lo potente que es respirar en comunidad.

En español disponemos del neologismo 'conspiranoico', que describe la paranoia de los defensores de una conspiración tras el decurso de la historia universal. Claro, paranoia desde el punto de vista de los críticos. Pero hasta antes de que la categoría fuese promovida negativamente por Karl Popper en su obra La sociedad abierta y sus enemigos (1945), no había nada de extravagante en pensar que había gente que se unía para hacer planes en contra de una autoridad.

En este escrito, M. Rothbard justifica el empleo de la conspiración cuando viene al caso y nos previene de cometer dos errores en el análisis conspirativo. A fin de cuentas, la conspiración es concepto de crítica política y quizás por eso se tiende a desprestigiar como categoría legítima de análisis. ¿Por qué extirpar del pensamiento la pregunta por quienes nos gobiernan realmente más allá de las apariencias? ¿Qué tienen las teorías de la conspiración que se consumen tanto como se odian? Dedicaré varios artículos más a este tema que me apasiona.

¡Buena lectura!

La teoría de la conspiración de la historia revisada (Murray Rothbard, 1977)

Cada vez que se presenta un análisis riguroso de quiénes son nuestros gobernantes, de cómo se entrelazan sus intereses políticos y económicos, los liberales y conservadores del establishment (e incluso muchos libertarios) lo denuncian invariablemente como una "teoría conspirativa de la historia", "paranoico", "determinista económico" e incluso "marxista". Estas etiquetas difamatorias se aplican en todos los ámbitos, a pesar de que tales análisis realistas pueden hacerse, y se han hecho, desde cualquier parte del espectro económico, desde la Sociedad John Birch hasta el Partido Comunista. La etiqueta más común es "teórico de la conspiración", casi siempre utilizada como un epíteto hostil en lugar de ser adoptada por el propio "teórico de la conspiración".

No es de extrañar que, por lo general, estos análisis realistas los expliquen varios "extremistas" que están fuera del consenso del establishment. Porque es vital para la continuidad del gobierno del aparato estatal que tenga legitimidad e incluso santidad a los ojos del público, y es vital para esa santidad que nuestros políticos y burócratas sean considerados espíritus incorpóreos dedicados únicamente al "servicio público". Una vez que se suelta el gato de la bolsa de que estos espíritus con demasiada frecuencia se basan en la tierra sólida de promover un conjunto de intereses económicos a través del uso del Estado, y la mística básica del gobierno comienza a colapsar.

Tomemos un ejemplo fácil. Supongamos que descubrimos que el Congreso ha aprobado una ley que eleva la tarifa del acero o impone cuotas de importación al acero. Seguramente solo un imbécil no se dará cuenta de que la tarifa o la cuota se aprobaron a instancias de cabilderos de la industria siderúrgica nacional, ansiosos por dejar fuera a los competidores extranjeros eficientes. Nadie lanzaría una acusación de "teórico de la conspiración" contra tal conclusión. Pero lo que el teórico de la conspiración está haciendo es simplemente extender su análisis a medidas de gobierno más complejas: digamos, a proyectos de obras públicas, el establecimiento de la ICC, la creación del Sistema de la Reserva Federal o la entrada de los Estados Unidos en un guerra. En cada uno de estos casos, el teórico de la conspiración se hace la pregunta ¿cui bono? ¿Quién se beneficia de esta medida? Si encuentra que la Medida A beneficia a X e Y, su siguiente paso es investigar la hipótesis: ¿X e Y de hecho cabildearon o ejercieron presión para la aprobación de la Medida A? En resumen, ¿X e Y se dieron cuenta de que se beneficiarían y actuaron en consecuencia?

Lejos de ser un paranoico o un determinista, el analista de la conspiración es un praxeólogo; es decir, cree que las personas actúan con un propósito, que toman decisiones conscientes para emplear medios a fin de llegar a metas. Por lo tanto, si se aprueba una tarifa de acero, asume que la industria del acero presionó por ella; si se crea un proyecto de obras públicas, plantea la hipótesis de que fue promovido por una alianza de empresas constructoras y sindicatos que disfrutaban de contratos de obras públicas, y burócratas que ampliaron sus empleos e ingresos. Son los opositores al análisis de la "conspiración" quienes profesan creer que todos los eventos, al menos en el gobierno, son aleatorios y no planificados, y que, por lo tanto, las personas no se involucran en elecciones y planes intencionales.

Hay, por supuesto, buenos analistas de la conspiración y malos analistas de la conspiración, así como hay buenos y malos historiadores o practicantes de cualquier disciplina. El mal analista de conspiraciones tiende a cometer dos tipos de errores, que de hecho lo dejan expuesto a la acusación de "paranoia" del establishment. Primero, se detiene con el cui bono; si la medida A beneficia a X e Y, simplemente concluye que, por lo tanto, X e Y fueron responsables. No se da cuenta de que esto es solo una hipótesis y debe verificarse descubriendo si X e Y realmente lo hicieron o no. (Quizás el ejemplo más loco de esto fue el periodista británico Douglas Reed quien, al ver que el resultado de las políticas de Hitler fue la destrucción de Alemania, concluyó, sin más pruebas, que, por lo tanto, Hitler era un agente consciente de fuerzas externas que deliberadamente se dispuso a arruinar Alemania.) En segundo lugar, el mal analista de conspiraciones parece tener la compulsión de envolver todas las conspiraciones, todos los bloques de poder de los malos, en una conspiración gigante. En lugar de ver que hay varios bloques de poder que intentan hacerse con el control del gobierno, a veces en conflicto y a veces en alianza, tiene que suponer, de nuevo sin pruebas, que un pequeño grupo de hombres los controla a todos y sólo parece enviarlos a la guerra.

Estas reflexiones están motivadas por el hecho casi descarado, tan descarado como para ser comentado por los principales semanarios de noticias, de que prácticamente todos los principales líderes de la nueva administración Carter, desde Carter y Mondale para abajo, son miembros de la pequeña y semisecreta organización. Comisión Trilateral, fundada por David Rockefeller en 1973 para proponer políticas para Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, y/o miembros del directorio de la Fundación Rockefeller. El resto está relacionado con los intereses corporativos de Atlanta, y especialmente con Coca-Cola Company, la principal corporación de Georgia.

Bueno, ¿cómo vemos todo esto? ¿Decimos que los prodigiosos esfuerzos de David Rockefeller en favor de ciertas políticas públicas estatistas son meramente un reflejo de un altruismo desenfocado? ¿O hay una búsqueda de interés económico involucrada? ¿Jimmy Carter fue nombrado miembro de la Comisión Trilateral tan pronto como se fundó porque Rockefeller y los demás querían escuchar la sabiduría de un oscuro gobernador de Georgia? ¿O fue sacado de la oscuridad y hecho presidente por su apoyo? ¿J. Paul Austin, jefe de Coca-Cola, fue uno de los primeros partidarios de Jimmy Carter simplemente por su preocupación por el bien común? ¿Fueron todos los Trilteralistas y la Fundación Rockefeller y la gente de Coca-Cola elegidos por Carter simplemente porque sintió que eran las personas más capaces posibles para el trabajo? Si es así, es una coincidencia que aturde la mente. ¿O hay en juego intereses político-económicos más siniestros? Sostengo que los ingenuos que obstinadamente se niegan a examinar la interacción de los intereses políticos y económicos en el gobierno están desechando una herramienta esencial para analizar el mundo en el que vivimos.

Breve guía para escribir un super ventas del pensamiento

En mi búsqueda de la clave para convertirse en un escritor super-ventas, creo que encontré una primera pista: escribir sobre la sociedad y sus males. Mira los siguientes títulos y dime lo que tienen en común.

  • La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper, 1945
  • La sociedad del espectáctulo, Guy Debord, 1967
  • La sociedad de consumo, Jean Beaudrillard, 1970
  • La sociedad de la sociedad, Niklas Luhman, 1998
  • La sociedad líquida, Zygmunt Bauman, 1999
  • La sociedad de control, Jose F. Alcántara, 2008
  • La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han, 2012
  • La sociedad del espectáctulo, Mario Vargas Llosa, 2012
  • La sociedad de la información, Ricard Ruiz de Querol et at. 2013
  • La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han, 2015
  • La sociedad del miedo, Heinz Bude, 2017
  • La sociedad paliativa, Byung-Chul Han, 2021

Más allá de los méritos intelectuales de las obras, parece que un título del tipo "La sociedad de X" –donde X=cualquier dolencia social, vende bien.

Creo que la fórmula se puede reducir a una receta:

  1. Escribe sobre la sociedad
  2. Encuentra un elemento que la caracterize en ese momento histórico
  3. No temas reciclar material (como Vargas Llosa) o tírate algo aparentemente novedoso (como Chul Han)
  4. Saca una serie en base a distintas características, por ej.: cansancio I, transparencia II, paliativa III.
  5. Habla una y otra vez de los males que nos aquejan y encuentra un culpable (por lo general el capitalismo)
  6. Procura separar a los malos de los buenos
  7. Vende tu crítica al capitalismo a través de canales capitalistas como Amazon

Ahí la tienes.

Si sigues esos pasos quizás tu libro se convierta en un super ventas.

Y era sólo una leyenda urbana...

En la entrega de hoy te comparto un artículo para meditar sobre un asunto muy importante. Se hizo viral el 2022, porque se puso a prueba la hipótesis de que la depresión se debía a un desbalance en los niveles de serotonina en el cerebro. En una revisión de la literatura de los últimos 30 años, los autores no pudieron determinar una causalidad directa entre el desbalance químico cerebral con el trastorno anímico que se conoce como depresión.

Acá una muestra:

«El análisis sugiere que, a pesar de las protestas en contrario, la profesión tiene cierta responsabilidad por la propagación de una teoría que tiene poco apoyo empírico y la prescripción masiva de antidepresivos que ha inspirado" (Benjamin Ang, et.al. 2022)»

Pero, ¿cómo puede ser eso? ¿No que estaba científicamente demostrado? Al menos eso decían.

El estudio causó revuelo, porque contraviene esa arraigada creencia popular en la que se apoya la masiva prescripción de fármacos para tratarla.

«Nuestra opinión es que a los pacientes no se les debe decir que la depresión es causada por un nivel bajo de serotonina o por un desequilibrio químico, y no se les debe hacer creer que los antidepresivos funcionan al atacar estas anomalías no comprobadas»

Comenta Joanna Moncrieff, una de los autores de la investigación, psiquiatra y docente del University College of London.

Como era de esperar, sin demora se vino la objeción en una breve comunicación (por si quieres profundizar, en este enlace se encuentra el artículo y su respuesta). Los críticos apuntaron a que el estudio comete la falacia conocida como 'hombre de paja', donde se critica una posición que no era defendida por la contraparte. De forma esquemática: el estudio ataca la teoría de que la depresión se origina en un desbalance químico en el cerebro, y los críticos dicen que eso nunca fue defendido por nadie, al menos en la tradición psiquiátrica de Estados Unidos.

«El intento de vincular la psiquiatría académica, o la “psiquiatría” como profesión, con una “teoría del desequilibrio químico” generalizada y de base causal de las enfermedades mentales o los trastornos del estado de ánimo no está respaldado por la evidencia presentada por los autores. (George Dawson et.al, 2022)»

Al parecer no era más que una "leyenda urbana", como sostienen los respectivos títulos de cada estudio. Nunca nadie defendió una teoría del desbalance químico como causante de la depresión.

¡Efecto Mandela en esteroides!

Al contrario, precisan los críticos, la perspectiva académica siempre sostuvo un concurso multifactorial de influencias, porque nunca se ha podido determinar una causalidad 1:1. En mi opinión, la sola discusión abre una caja de pandora con respecto a la dolencia del siglo.

Me pregunto, entonces:

  • ¿por qué no se le comunicó debidamente al gran público que no existe tal teoría del desbalance químico?
  • ¿De qué manera está justificada la práctica médica de la prescripción de antidepresivos en vista de que no hay evidencia contundente para hacerlo?
  • ¿Qué tratan y cómo operan dichos fármacos, si la causa de la depresión no es un desbalance químico?
  • Si no hay una razón suficiente para tomarlos como medicamentos que tratan la causa de la enfermedad, ¿cuál es la razón para seguir haciéndolo?
  • ¿No conviene acaso llamar a tales medicamentos como lo que son: drogas, como cualquier otra?

Los defensores de la prescripción se justifican ante el estudio en que, al margen de la falta de correlación fisiología cerebral/depresión, las drogas «terapéuticas» mejoran la situación vital de las personas aquejadas por esta dolencia. Es decir, aunque no traten la causa de fondo, los antidepresivos permiten sobrellevar la enfermedad. Legítimo. ¿Pero no serán estas drogas tan solo un medio para silenciar la dolencia, al modo de un anestésico anímico como el soma de Un Mundo Feliz?

Sin embargo, quizás la filosofía aún tenga algo que decir al respecto. Por un lado, la ignorancia de las causas de la depresión permitiría relacionarla con la pregunta por el sentido de la vida y el lugar que la muerte tiene en ella. Albert Camus, por ejemplo, arranca una de sus obras con estas palabras:

«No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio»

Este escritor destaca las consecuencias existenciales de una vida absurda, sinsentido que se refleja en el mito de Sísifo. Quizás en algunos casos los antidepresivos impiden profundizar en la dimensión existencial del sufrimiento como oportunidad para reconducir la propia vida. Sentirse bien cuando uno debería sentirse mal, anula toda posibilidad de reflexión y aprendizaje. Nunca está demás recordar que una vida sin auto-examen no vale la pena ser vivida (Platón).

El otro aspecto en que puede contribuir la filosofía es que, al liberar la depresión del monopolio del estudio psiquiátrico, el modo de enfocarla permite una crítica al orden social y cómo eso impacta en la construcción de un proyecto personal. Pues, si la depresión sólo se tratara de un desbalance químico en el cerebro, bastaría con contrarrestarlo con otros químicos, y mantener el resto de las circunstancias vitales y sociales tal como están. Así, la visión cientificista de esta enfermedad acalla y excluye cualquier crítica al orden social vigente.

Y, a diferencia de la perspectiva médica que la concibe en clave salud-enfermedad, desde la filosófica clásica, la depresión se comprende en clave personal, como un mal interior percibido por la persona. Por eso un término más apropiado es sufrimiento, que describe una dolencia de la persona toda, no de alguna de sus partes; no se reduce, por tanto, a su estado de ánimo. Para la tradición filosófica, esa que ya no se enseña, la persona humana es el ser más sublime y perfecto que existe en la naturaleza, cuya existencia consiste en conquistar (por el intelecto) y manifestar (por el amor) su manera única de ser.

No me parece extraño, entonces, que si un sistema social anula esas posibilidades personales de sentido, exista una especie de contracción del horizonte vital que causa un dolor que sólo comprenden quienes lo han padecido. El dolor personal, que convoca lo más íntimo del ser y que por eso mismo incide en todas las dimensiones exteriores de la vida, sería el efecto de la percepción de un mal, de algo que falta a la persona. ¿Será que este fenómeno, reciente en la historia, de la ausencia de un sentido vital y de trascendencia genere una vacío difícil de soportar para quien es más consciente de dicha falta? El debate está abierto, pero ya me imagino a quiénes no les interesa que se discuta.

(Una pista: empieza con P- y termina en IZER).

Elon Musk y Aristóteles

Una de las cosas que me anima a escribir filósofo(.com) es contrarrestar la difusión mediática del cientificismo con algún tipo de contrapeso crítico. Qué es el cientificismo, te preguntarás. En palabras simples, es una actitud totalitaria de científicos y no-científicos por igual, basada en una posición filosófica, que lleva a la ciencia más allá de sus límites y prerrogativas, abogándose el conocimiento definitivo de la realidad sin dar espacio a cuestionamientos críticos, por medio de suprimir la discusión e imponer la verdad por la fuerza (asesinato de imagen, cancelación, y hasta cárcel).

Los partidarios de esta posición sacan conclusiones filosóficas a partir de una teoría científica, que se pone como premisa incuestionada de sus razonamientos. Aristóteles diría que los que piensan de este modo son sofistas que pasan gato por liebre.

I

Sin embargo, ningún filósofo que se precie de serlo, estaría en contra de la ciencia, porque está abierto vitalmente a la totalidad del saber y la verdad, dondequiera que ésta se encuentre, pero muchos filósofos (entre los que me incluyo) están en contra del cientificismo, su versión deformada.

Para Paul Feyerabend, por ejemplo, cuya lectura recomiendo a cualquiera que valore la libertad de pensamiento, sostiene que el racionalismo científico: "es una forma secularizada de la creencia en el poder de la palabra de Dios" (1978, p. 20) y que "los científicos son vendedores de ideas y artilugios y no sumos sacerdotes de la vida correcta”. Con la reciente pandemia nos vendieron lo segundo, y nos hicieron perder de vista lo primero.

O como comenta Edward Feser:

«si las afirmaciones de cualquier otro sistema de creencias entran en conflicto con lo que dicen los científicos, se sostiene que estos otros sistemas deben cambiar para adaptarse a la ciencia, y nunca al revés. Se considera que pensar críticamente implica pensar de acuerdo con la ciencia, y nunca implica criticar la ciencia misma»

Lamentablemente, a casi toda la divulgación la anima un espíritu cientificista que, a diferencia de un trabajo periodístico serio, nunca te muestra las posiciones contrarias o la discusión candente, sino que da por sentada cosas que son susceptibles de crítica. Scientia locuta, causa finita est. Pero la ciencia no habla, sino científicos, hombres de carne y hueso, tan débiles y mortales como nosotros, que se lavan los dientes y van al baño por la mañana.

Por eso gran parte de la labor de filósofo(.com) consiste en desenmascarar el cientificismo que busca suprimir la especulación filosófica, silenciándola del discurso público, como si no existiese, tomando prestado sus problemas, preguntas y lenguaje, como si perteneciera al cuestionamiento de la ciencia, y suplantándola por un pensamiento hegemónico. De lo que se trata es combatir el cientificismo en la misma medida en que se hace pasar por ciencia.

II

Dicho esto, resabios de la actitud cientificista se pueden ver en algunas afirmaciones del afamado billonario Elon Musk como un caso de silencio y omisión, donde identifica con la física lo que tradicionalmente ha sido la manera de pensar propia de la filosofía:

«los primeros principios son una manera de mirar al mundo tomada de la física»
The First Principles Method Explained by Elon Musk
Interview by Kevin RoseThe benefit of “first principles” thinking? It allows you to innovate in clear leaps, rather than building small improvements onto som...

En otra entrevista, cuando le preguntan cuál era el secreto de su manera de pensar, él responde:

«creo que un gran marco para pensar es el de la física, tú sabes, el tipo de pensamiento a partir de primeros principios»
Elon Musk first principle reasoning TED
how elon musk involve in three big companies

¿En qué consiste según Musk pensar de acuerdo con los primeros principios?

«significa que reduces las cosas a ciertas verdades fundamentales y después razonas a partir de ellas»

Es convincente el ceño fruncido de un millonario cuando habla, se respira esa aura de poder, pero no por eso es verdadero. Aunque no creo que Elon haya tenido mala fe, incurre en un error sofístico extendido por el cientificismo moderno.

III

El modo de razonar al que apela Elon es el método del viejo Aristóteles (siglo IV a.C): la analítica, consistente en descomponer un objeto para llegar a sus principios esenciales e indivisibles. Nada más que eso es filosofar.

El problema de Elon está en creer que pensar a partir de primeros principios es una cuestión propia de la física y no de la filosofía, a no ser que bajo la expresión "primeros principios" se entiendan equívocamente dos conceptos distintos e irreductibles entre sí. Pero la gracia de tales principios, es que son universales y por lo mismo transversales a todas las ciencias, tales como la contradicción, la identidad, entre varios más. Por ejemplo, el "yo pienso" es un principio evidente ante ti mismo e irreductible a cualquier fenómeno físico de la índole que sea.

Pero el viejo Aristóteles, el verdadero fundador de esta manera de pensar, la llamaba filosofía primera para distinguirla precisamente de la física como filosofía segunda:

«también la Física es una Sabiduría; pero no primera»

, decía el pensador griego

Lo propio de la filosofía frente a la física viene a ser, entonces, la especulación sobre tales principios y no tan solo su uso especulativo como, en efecto, sucede en otras ciencias particulares. Viene al caso distinguir, entonces, los principios propios de cada ciencia particular, como el espacio-tiempo de la física cosmológica, o las relaciones sociales de la sociología, o la salud de la medicina, de los primeros principios especulativos que son comunes a todos los saberes, como el "yo pienso" y la contradicción, por poner algunos casos. Es decir, no todo principio es un primer principio. A lo que en realidad alude Elon Musk es a los principios solamente.

En cambio, en palabras de Aristóteles, únicamente la filosofía es la disciplina que "ha de estudiar los primeros principios y causas" en su forma consumada como Sabiduría, porque:

«cognoscibles en grado sumo son los primeros principios y las causas, pues por éstos y a partir de éstos se conoce lo demás...»

¿Cómo llegamos, entonces, a la creencia de que pensar a partir de primeros principios es un quehacer propio de la física? ¿Por qué Elon dijo física en vez de filosofía?

IV

Me gustaría saber de adónde sacó esa idea, ¿de los físicos? ¿Dónde está escrito? Identificar esa hebra es adentrarse en la discusión de la filosofía primera y su relación con la física en la modernidad, porque, a diferencia de la historia habitual que cuentan por ahí, la ciencia moderna no refutó los principios de la metafísica tradicional -no veo cómo podría hacerlo-, sino tan sólo la relegó a un rincón desprestigiado del pensamiento hasta que lentamente cayó en el olvido. Y los filósofos del siglo pasado le dieron palos hasta dejarla agonizante. (Ya hablaremos de esta tan absurda como lamentable situación, incluso más que si Elon Musk dijera que los autos de su empresa Tesla son malos y no sirven para nada).

Pero, como no se puede hacer filosofía de manera neutra y ascéptica, sino que siempre está involucrado el yo del pensador, filósofo(.com) continúa con la filosofía primera y la tradición del platonismo originario, tradición más vieja que el hilo negro que algunos no quieren que salga a la luz pública y la tratan de sofocar por medio de todos los recursos disponibles, porque libera el pensamiento.

El mérito de la visión de Musk es que, sin advertirlo, está rescatando el valor del pensamiento deductivo para la vida cotidiana, lo que antes se llamaba sentido común: el admitir que existen principios verdaderos básicos de las cosas a las que la inteligencia tiene acceso directamente, prescindiendo -y a pesar de- intermediaciones institucionales.

¡Quien se iba a imaginar que un emprendedor rescataría el objeto de la filosofía primera, descubriendo el fuego e inventando la rueda! A fin de cuentas, como dijera Edward Feser, esta es "la venganza de Aristóteles", quien "lleva ahí veinticuatro siglos, sin despeinarse" (Lorenzo Silva).

¡Gracias, Elon!

El dogma del ateísmo científico

En tiempos en que la tecno-redención de la humanidad la llevará a un equilibrio perpetuo con la naturaleza, el ateísmo parece menos un tema filosófico que la consecuencia inevitable del avance científico. El paraíso en la tierra está a unas décadas de innovación. A fin de cuentas, los problemas existenciales del hombre no son más que problemas técnicos cuya solución depende de la correcta asignación de capital de riesgo a proyectos de investigación o la adecuada gestión estatal. Tecno-ciencia en vez de religión.

Pero, ¿qué es el ateísmo exactamente? ¿Religión, ciencia, filosofía o simplemente una actitud vital? Con el riesgo de ponerme un poco técnico, me limitaré a darte una perspectiva como insumo para tus propias respuestas.

I

En la medida en que el ateísmo niega el fundamento de la religión, cabe preguntarse de qué manera se opone a ella. Lo primero a considerar son los tipos de oposición que reconoce el realismo filosófico: o bien las cosas se oponen de manera contraria o contradictoria. ¡Atento esta distinción! (Existen otras dos oposiciones que no vienen al caso). Examinemos qué ocurre si el ateísmo es contrario a la religión.

Si fuesen contrarios, ateísmo y religión tendrían que caer bajo un mismo concepto, como sucede en esta clase de oposición. Por ejemplo, negro y blanco son contrarios, porque ambos son colores; par e impar, porque ambos son números; el amanecer contrario al atardecer, porque ambos son fases del día; el ignorante se opone al sabio en el conocimiento. De dónde habría que admitir que estos extremos comparten más de lo que parece a primera vista, pues, si fuesen contrarios, ambos serían religiones, de tal manera que el ateísmo vendría a ser la religión del más acá, una conclusión que ningún ateo estaría dispuesto a aceptar.

Por otro lado, si el ateísmo se opusiera a la religión de manera contradictoria, iría por el lado de la negación. Porque, allí donde la religión pone la afirmación "Dios existe", el ateo se le opone diciendo "Dios no existe". Aunque hay que tener en cuenta que negar algo no es tarea sencilla, ya que tengo que saber muy bien qué es aquello que estoy negando. ¿Qué niega el ateo? ¿La existencia de Dios? ¿De cuál Dios exactamente, el de Moisés, Jesús o Maoma? ¿O el recurso a Dios como explicación cosmológica? Creo que las respuestas a estas preguntas originan distintos modos de ateísmo.

II

Por otro lado, el ateo tiene pretensiones científicas en el sentido de que piensa que su posición es la correcta y verdadera. Es natural que piense así, porque en la medida en que se opone a la religión, no puede convivir con ella en el ámbito de la verdad. Si Dios existe, el ateísmo no sería más que una pose que nos dice más del estado sicológico de sus defensores que de la realidad de las cosas. Pero a ningún ateo le gusta ver su posición reducida a una mera actitud vital, sino que aspira a convertirse en una posición justificada, científica. De esta manera el ateísmo tiene pretensiones absolutas y universales tal como sus colegas religiosos. Si Dios no existe para él, no existe para nadie.

Y frente a tales pretensiones el ateo tiene solamente dos alternativas: o bien demuestra que Dios no existe, o bien lo acepta como un principio, al modo de un axioma sobre la composición de la realidad. Porque si hay algo en que los filósofos coinciden con los científicos es que los axiomas son proposiciones primeras e indemostradas. "Primeras" en el sentido que sirven de justificación para otras proposiciones o teoremas, e "indemostradas", en el sentido de que se aceptan como verdaderas sin prueba. No es posible demostrarlo todo.

Si no fuera el resultado de una demostración, que "Dios no existe" tendría que ser una premisa aceptada sin justificación. Pero el ateo se resistirá a aceptar que su posición es tan irracional y dogmática como la que critica. El ateísmo no debe ser cuestión de convicción personal, por lo que debe ser susceptible de crítica.

Por eso siempre les pregunto a los ateos cómo llegan a la conclusión de que Dios no existe. Insisto en que, si el ateísmo quiere tener pretensiones de ser algo más que una actitud vital, esta posición ha de ser el resultado de un razonamiento deductivo. Y me parece que se trata de una tarea ardua, puesto que uno tiene que encontrar las premisas adecuadas que te empujen con una fuerza irresistible a dicha conclusión.

Lo imporante, en todo caso, es que ya se oponga de manera contraria o contradictoria, el ateísmo es dependiente de la religión en la misma medida en que la negación depende de la afirmación y lo contrario de aquello que comparte con su opuesto.

III

Desde un punto de vista lógico, la conclusión del ateo es una negación. Y si atendemos a una regla básica de la lógica, según la cual de premisas negativas no se sigue conclusión, debemos asumir que al menos una de las premisas del ateo dice algo positivo sobre el mundo. Por ejemplo, si ningún ovíparo es vivíparo, y el erízo no es vivíparo, no se sigue conclusión. En cambio, si todo mamífero es vivíparo, y el erizo no es vivíparo, se concluye que el erizo no es mamífero: una negación.

Precisamente en esta posición se encuentra el ateo. Tiene que haber al menos una premisa afirmativa y otra negativa incluida en su razonamiento que permitan deducir la conclusión "Dios no existe". Y esa premisa afirmativa es problemática, ya que, o se acepta sin prueba como un axioma, o se justifica a partir de otras premisas. Pero este cuestionamiento no es infinito. En algún punto habrá que detenerse, es decir, en algún punto del razonamiento el ateo deberá aceptar un principio indemostrado. Por su retiscencia a definirse por una actitud vital, deberá apelar a una justificación científica de sus convicciones. ¿Y cuáles son esas premisas?

IV

El primer candidato es la presencia del mal en el mundo, el argumento habitual para negar la existencia de Dios. Pobreza, enfermedad, sufrimiento y muerte, no pueden convivir en un mismo universo con un Dios bondadoso. Pero no todos los pensadores tienen problemas con este dilema. El desafío intelectual está en cómo armonizar el mal del mundo con la bondad de Dios. En efecto, la presencia del mal no niega directamente la existencia de Dios, sino mediante bastantes rodeos intelectuales. Por lo mismo, dejo de lado la posición kantiana en la medida en que sus principios filosóficos no permiten dirimir la cuestión ni por la negación ni la afirmación de la existencia de Dios, sino que la ponen en suspenso y la reducen a un juego especulativo.

Pero, más allá de los detalles, lo importante para nuestro curso de pensamiento es si los ateos lo fueran por esta razón, su visión se apoyaría en una posición filosófica. Aunque no sé si estarían dispuestos a aceptar que su posición no se basa en la ciencia sino que en la filosofía. Y si no es la presencia del mal, ¿cuál es la premisa que permite concluir la negación "Dios no existe"?

Voy a responder con las palabras de Rupert Sheldrake (2012):

«La ciencia contemporánea se basa en la afirmación de que toda la realidad es material o física. No hay otra realidad que la realidad material. La consciencia es un subproducto de la actividad física del cerebro (p. 11)»

Te sorprenderá saber que este autor es un reputado biólogo, uno de esos conscientes de las cuestiones fronterizas entre ciencia y filosofía, que tiene una teoría fascinante sobre la formación de los seres vivos, la resonancia mórfica.

La cita aparece en su libro titulado El espejismo de la ciencia (2012). En inglés se llama The science delusion, literalmente "el engaño de la ciencia". Y el título es importante, porque su obra parece una respuesta al de su colega asimismo biólogo Richard Dawkins titulado The God delusion (2006), benignamente traducido como "el espejismo de Dios", el manual del nuevo ateísmo.

EL CREDO CIENTÍFICO por Rupert Sheldrake

"Aquí están las 10 creencias principales que la mayoría de los científicos dan por supuestas.

  1. Todo es esencialmente mecánico. Los perros, por ejemplo, son mecanismos complejos, en lugar de organismos vivos con sus propios objetivos. Incluso las personas son máquinas, “robots pesados”, en la vívida expresión de Richard Dawkins, con cerebros que son ordenadores genéticamente programados.
  2. Toda la materia es inconsciente. Carece de vida interior, subjetividad o punto de vista. Incluso la consciencia humana es una ilusión producida por las actividades materiales del cerebro.
  3. La cantidad total de materia y energía es siempre la misma (con la excepción del Big Bang, donde de pronto surgieron toda la materia y energía del universo).
  4. Las leyes de la naturaleza son fijas. Son las mismas hoy que al principio, y siempre serán idénticas a sí mismas.
  5. La naturaleza carece de propósito, y la evolución no tiene objetivo o dirección.
  6. Toda la herencia biológica es material y se transmite en el material genético, ADN, y otras estructuras materiales.
  7. Las mentes están dentro de los cráneos y no son más que actividades de los cerebros. Cuando observas un árbol, la imagen del árbol observado no está “ahí afuera”, como parece, sino dentro de tu cerebro.
  8. Los recuerdos se almacenan como huellas materiales en el cerebro y se borran con la muerte.
  9. Los fenómenos no explicados, como la telepatía, son ilusorios.
  10. La medicina mecanicista es la única que funciona.

Juntas, estas creencias configuran la filosofía o ideología del materialismo, cuyo supuesto central es que todo es esencialmente material o físico, incluso las mentes" (2012, p. 12)

«Estas ideas son poderosas, no porque la mayoría de los científicos piensen en ellas críticamente, sino porque no lo hacen...Pero el sistema de creencias que gobierna el pensamiento científico convencional es un acto de fe, encallado en la ideología del siglo XIX»

V

Como puedes ver, no hay otra premisa para los razonamientos del ateo que el materialismo, que acepta más ciegamente que cualquier dogma religioso. Bajo esa premisa también se ven llevados fácilmente a negar la experiencia íntima de los místicos, como la de San Juan de la Cruz, calificándola de ilusoria, pero nunca como una experiencia real que abre el mundo hacia lo trascendente.

El materialismo es una posición filosófica que los científicos aceptan en su forma mecanicista, según la cual en la naturaleza sólo concurren causas mecánicas carentes de toda finalidad. Pero es precisamente esta clase de creencias las que se tienen que discutir críticamente. De lo contrario, volvemos al totalitarismo intelectual que tanto molesta al ateo cuando proviene del religioso.

Por eso, si esta es la premisa de las conclusiones de los ateos, su posición es lo que en lógica se llama una petición de principio, donde se presupone lo que precisamente se debía probar, o se concluye lo mismo que se acepta en las premisas. A todas luces, no es que hayan demostrado alguna vez que Dios no existe, sino que lo presuponen al admitir que lo único que existe en la realidad es la materia, porque por definición el método matemático-experimental no puede ir más allá de los fenómenos materiales. Pero, ¿estamos todos obligados a ser materialistas?