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La frase de don Aurelio

OjoVoraz #7

«La Naturaleza es el conjunto de todo lo que existe» (revelaré el autor en la glosa)

Te doy un poco de contexto.

Como soy escéptico con la ciencia moderna me he propuesto volver a estudiar Matemáticas.

Suspendo el juicio con respecto a algunas de sus afirmaciones, sobre todo las más radicales y generales.

Corta: no me creo todo lo que dicen los científicos.

Por eso, me he propuesto estudiar las matemáticas justas para llevar adelante mi tarea como filósofo de reducir, sino eliminar, la brecha entre lo científico y humanista como disciplinas del conocimiento.

División que me parece más derivada de una política que una división real de los saberes.

Así que aunque fracase en esa tarea, me he decidido a estudiar las matemáticas a fondo para comprender el lenguaje científico desde adentro.

Inflitrarme, como cuando los científicos se escabullen en la filosofía.

Porque un filósofo fracasado, a diferencia de otros oficios, puede ser un gran filósofo precisamente a causa de ese fracaso y no a pesar de él.

Al menos tuvo el mérito de mostrar un camino intransitable para otros.

Para ese propósito, entonces, abrí el famoso texto Áritmética de don Aurelio Baldor como preparación para su Álgebra, y recién en la primera página noté la frase algo desencajada, fuera de lugar.

A primera vista es una frase que a cualquiera remotamente familiarizado con la filosofía le sonaría familiar.

La podría haber dicho Anaximandro, Demócrito, Aristóteles, Descartes, Galileo, Russell y varios más.

Mi expectativa era una sentencia más de campo, sobre los números y su manipulación notacional.

Pero la afirmación es totalmente filosófica.

Fíjate en los términos que la componen:

  • Naturaleza
  • Conjunto
  • Existencia

Ninguno evidente por sí mismo ni más claro en su significado que los demás.

Juntar los tres en una sola frase es un atrevimiento importante.

Intuyo que don Aurelio debe haber estado impregnado del proyecto intelectual de la época en que figuras como Gottlob Frege, Bertrand Russel y N. Whitehead fijaban los términos de lo que se podía pensar con rigor.

Así, todos esos ilustres pensadores coincidían en eso: que la Naturaleza es el conjunto de lo que existe, porque comparten una manera común de comprender su significado.

Pero para un escéptico como yo, detecto rápido cuando una afirmación filosófica se pasa como si fuera científica.

El problema de la frase están en que, como arranque de un texto de Aritmética, moldea la manera de pensar, porque lo que viene después, ciertamente es verdadero.

Se produce la temida falacia del consecuente.

Pensar equivocadamente que, a causa de lo que viene a continuación es verdadero (en este caso, la aritmética), lo anterior también lo es (la frase inicial).

Y te lo digo con toda seguridad: nada de lo que diga esa frase está justificado en la aritmética por si sola.

Se necesitan ideas no numéricas, como la de existir.

No creo que haya habido mala fe de parte de don Aurelio, pero creo que es de esas cosas que adoctrinan en el 'pensamiento científico' y contribuyen a esa división tan indeseada con lo humanista.

¿Dónde está el problema con todo esto?

Que si Dios se cuenta o está entre las cosas que existen, estaría en la Naturaleza,

Pero, por otro lado, si no es parte de la naturaleza, ¿quiere decir que no exista?

Ya lo han dicho autores neoplatónicos hace rato.

Dios es, no existe.

El ser está más allá de la existencia, pero tampoco es la nada.

Aunque podría ser la nada respecto de todas las cosas existentes.

Trabalenguas con sentido profundo desde Plotino a Tomás de Aquino.

Sea como sea, la frase sostiene que únicamente existen los seres naturales.

Y como Dios no está dado a la experiencia ni los métodos de la ciencia, algunos científicos concluyen que no existe.

Pero lo que parece una afirmación de física es en realidad una afirmación filosófica, discutible ciertamente -y ahí está lo jugoso-, pero en los términos que corresponde.

No me cambie (ni me imponga) las reglas del juego.

Ya pronto comienzo con la aritmética.


Bonus

La Escuela de Atenas, he visto la imagen mil veces, pero cuando la pude ver en directo lloré.

La meca del filósofo moderno, solitario en su quehacer, pero parte de una empresa colectiva, cuya comunidad intemporal el cuadro representa de manera sublime.

Pero incluso después de haberla visto con detención, siempre me aporta con detalles desconocidos.

👉 Acá puedes leer cómo fue inspiración de mi novela filosófica de adolescente (aunque ni tanto).

Pero la imagen de hoy es un recorte que muestra al matemático árabe medieval, Averroes, mirando los apuntes de Pitágoras.

Hermoso.


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Pessoa, filósofo

OjoVoraz #6

«Y entonces, diré "Me soy". Habré expresado una filosofía en dos breves palabras. Obedezca a la gramática quien no sabe pensar lo que siente» | Fernando Pessoa

Pessoa frente a Platón.

«Me soy» refresca la idea de que el filósofo es quien se atreve a pensar el ser.

Piénsalo como quieras, pero piénsalo.

Por eso, cuando una filosofía no te habla del ser o lo evita con rodeos sofisticados, es otra disciplina que lleva el mismo nombre, como un billete antes y después de la inflación.


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  • Pessoa, Fernando, Libro del Desasosiego, Acantilado 2013, 98 ↩︎

La divulgación de un saber difunto

OjoVoraz #5

«Dios ha muerto» – Federico N., 1882
«La filosofía ha muerto» –Esteban Halcón-Rey, 2010

En nuestra cultura, la muerte de la filosofía sucede a la muerte de Dios.

Por alguna razón a los intelectuales les encanta declarar la muerte de lo que sea, pero acá la han liado con el sepulcro de dos personalidades ilustres.

Que sea un filósofo el que declare la muerte de Dios, y un científico la muerte de la filosofía, no es casual.

Aunque tampoco providencial.

Dios ha vivido sin necesidad de la filosofía en casi toda cultura conocida, adoptando formas innumerables.

No así la filosofía sin Dios, aunque sea únicamente para negarlo.

Pero si muere Dios, ¿por qué ha de morir también la filosofía?


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La desaparición del escritor comprometido

OjoVoraz #4

«El escritor serio es una figura o un tipo en retroceso» | James T. Farrell

Si esperabas que ya era hora de hablar de cómo la IA pone en riesgo las profesiones y amenaza en especial al oficio del escritor, sigue leyendo.

En el inglés original la frase dice 'decline', pero le puse «retroceso» en vez de otras traducciones, porque ese es el punto delicado que le pone título al artículo del Sr. Farrell:

«El Declive del Escritor Serio»

Naturalmente agradecerás -al igual que yo- que desaparezcan los escritores serios, si con ello queremos decir graves, aburridos, que se pierden en detalles que a nadie interesan, o que levantan ceja para predicar sin púlpito.

Pero en este caso, el Sr. Farrell usa la palabra 'serious' para calificar a un cierto tipo de escritor, donde traducir por «seriedad» o «gravedad» tampoco honra su sentido.

Lo que distingue, en cambio, al autor «serio» del que tan sólo lo parece, es haber dedicado y orientado sus fuerzas vitales al cultivo de un oficio inagotable; como el filósofo a la verdad, o el artista a la belleza.

Y eso se logra únicamente con una decisión libre, porque perseguir el oficio requiere renuncias importantes: económicas, sociales, y por qué no, afectivas.

El escritor serio es un autor comprometido con un conjunto de ideas y valores integrados en una visión estética que abarca la vida entera.

Por eso el artículo advierte acerca de la extinción inminente de ese tipo social que tuvo su apogeo en la cultura de los últimos siglos, expulsado por las fuerzas del mercado hasta casi desaparecer .

Una cultura que ha abdicado de sus valores tradicionales.

Del más allá al más acá:

«Y una de las razones de este declive radica en el hecho de que la seriedad, las ideas y la literatura no se pueden comercializar fácilmente»

Y la razón es la misma que exige el cultivo de la filosofía: tiempo. Pues:

«La audiencia masiva no tiene tiempo para pensar y tiene poco tiempo para sentir»

La literatura, y diría que también una cierta filosofía, se consume como texto o vídeo:

«La atención se centra en el ocio y el consumo, que ahora son factores dominantes en nuestra próspera sociedad»

Pero no contento con distinguir al escritor serio del productor de texto para una audiencia masiva, el Sr. Farrell se manda un bombazo:

«La gente quiere que gran parte de su pensamiento venga empaquetado»

El empaquetado o envasado (packaging) es una práctica industrial que con el tiempo se convirtió en una función de la mercadotecnia (marketing).

Los orígenes del packaging se remontan al problema de la distribución masiva de alimentos, donde el envase tenía la función de protegerlos y transportarlos.

La producción en masa exigió soluciones de envasado estandarizadas.

Y en la estandarización está la clave, porque un pensamiento empaquetado es un pensamiento estandarizado, es decir, uniforme y masivamente distribuido.

Por eso hoy parece haber cajas de resonancia en vez de personas con criterio propio.

El packaging de las ideas importa tanto como su contenido.

La pregunta, entonces, no es tanto quién lo produce, sino quién lo envasa.


En definitiva, me temo que la desaparición del escritor comprometido arrastra también la desaparición del lector competente, uno con criterio formado y capaz de pensar por sí mismo.

Y cualquiera diría que la cita del epígrafe es otra crónica o diagnóstico de lo mal que va nuestro mundo, la venta de un apocalipsis del que ni siquiera el escritor puede escapar.

¿Pero qué pensarías al enterarte que el artículo de Farrell es de 1957, escrito hace casi 70 años?


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Biblio:

  1. James T. Farrell, “The Decline of the Serious Writer”; The Antioch Review, Vol. 17, No. 2  (1957): 147–160.
  2. Diana Twede, “The Birth of Modern Packaging: Cartons, Cans and Bottles”, Journal of Historical Research in Marketing 4, no. 2 (2012): 245–272.

Una hermosa metafísica

OjoVoraz #3

El mundo amado por los niños y descrito por su filósofo, Aristóteles | Albert G. A. Balz. [1]

Hay que estar muy inspirado para lograr una frase tan profunda y certera como la del profesor Balz; de potencia inusual, condensa en un solo enunciado una gran tesis filosófica como el micro-cuento del dinosaurio.

Máximo impacto con economía de medios.

Cuando le pregunté a mi esposa en la sobremesa (una institución en extinción, por cierto) qué le había parecido la primera entrega de OjoVoraz, me decepcioné al ver que no le había prestado atención ni dado importancia.

«¿Ya y qué? ¿Eso es un cuento?...esperaba algo más elaborado, como los que escribías antes», me decía. Le parecía simplón, al borde de lo pretencioso. Como ingeniero civil que es, confío en su criterio al que suelo poner a prueba de vez en cuando.

Nuevamente me fui derrotado en mis pretensiones intelectuales.

Más tarde, gracias a mis niños de cinco y casi tres, pude apreciar el genio narrativo de Monterroso, cuando luego de oír esas siete palabras no tardaron en llegar agazapados, acosándome con miles de preguntas:

¿Por qué el dinosaurio todavía estaba ahí?

¿Era un dinosaurio de verdad o uno de mentira?

¿Cómo llegó a su pieza?

Y se ponían a elaborar teorías:

«Quizás entró por la ventana», decía uno, «o quizás por la puerta», decía la otra.

Me tuvieron así por dos horas.

Literal.


Por eso cambié el enfoque que tenía reservado para esta ocasión, dejando de lado la dimensión argumental para bajar al registro del asombro.

Ya es un lugar común decir que la capacidad de asombro es el primer paso para adentrarse en las profundidades de la filosofía.

El asunto es que los niños son maestros en eso.

Lamentablemente esa capacidad se va adormeciendo de a poco, y con los años, cae en el olvido.

Quizás sea tarea del filósofo despertarla.

Porque el asombro filosófico no es una emoción distinta, sino que reúne en una misma mirada lo que el asombro infantil encontraba disperso en muchas.

Como cuando desde la ventana del avión se integran en un conjunto cosas que antes se veían separadas.

El asombro filosófico despega desde la multiplicidad de las cosas concretas y singulares de la experiencia común, hasta darse cuenta de que todas esas cosas simplemente están ahí, como el dinosaurio.

Y cuando la inteligencia le agrega a la emoción cruda el por qué de todo eso, ya se ha sembrado la semilla del filosofar.

Entonces, Aristóteles es en cierto sentido el filósofo de los niños, porque busca una filosofía en la que las teorías más complejas den cuenta de ese mundo por el que nos maravillamos alguna vez.


¡Vaya afirmación la del profesor Balz!

¿No?

El amor te saca de ti mismo y te mueve a conocer aquello que se ama.

Por eso la filosofía es una manera de amar este mundo tan maravilloso, buscando sus causas y principios.

Así la inocencia del asombro infantil, por el amor espontáneo de su mundo inmediato, merece llamarse por lo que es: una hermosa metafísica.


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Anton Webern y la filosofía

OjoVoraz #2

«Condenado al fracaso total en un mundo sordo de ignorancia e indiferencia, siguió inexorablemente tallando sus diamantes, sus deslumbrantes diamantes, cuyas minas conocía a la perfección»

Eso decía Igor Stravinsky sobre Anton Webern, músico austríaco, maestro en componer piezas de extrema concisión poética.

Las obras de Webern tienen una belleza misteriosa que revela en una breve composición las profundidades del alma humana, las minas a las que se refería Stravinsky.

Con esto quiero despejar la confusión esperable de la filosofía miniaturizada con el aforismo, como los de Nietzsche que tanto gustan a los gurús del desarrollo personal:

«Derribar ídolos...eso sí ya forma parte de mi oficio», decía el pensador alemán.

El aforismo desprende un aire de autoridad que ni el microrrelato ni las composiciones de Webern pretenden.

En cambio, la concisión poética te hace participar, invitándote a llenar activamente los vacíos y omisiones.

Ciertamente la brevedad define la extensión de la pieza, pero no mucho más: no habla ni de su composición ni estructura interna, donde está la sustancia jugosa y sabrosa.

Por eso, más allá de la brevedad, la similitud con el aforismo es superficial y aparente.

Y acá creo que está la diferencia fundamental: el aforismo sentencia; la miniatura compone.

Y compone una totalidad, armada a partir de una multitud de partes discretas y sucesivas, que se expresa con pocos recursos, en la que el silencio y la omisión son partes constituyentes de la pieza.

Y volviendo al asunto de ganarse la vida con las obras del espíritu como la filosofía y las artes, Webern con toda su genialidad no logró ganarse la vida con su obra, sino que su reconocimiento -cómo no- fue póstumo.

Condenado al fracaso total en un mundo sordo de ignorancia e indiferencia...

Si eso ocurre con la música, ¿qué esperar para la filosofía?


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Filosofía en miniatura

OjoVoraz #1

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. | Augusto Monterroso

Palabras de gran impacto narrativo.

El relato de Monterroso revela cómo puede escribirse una narración completa con economía extrema de recursos.

Me pregunto si puede escribirse una filosofía con esa misma potencia.


Esta es la primera entrega de OjoVoraz.

Finalmente me decanté por el boletín por sobre la plataforma Filósofo.com.

Puedes revisar la historia y su inspiración en este enlace → Leer.

Paradójicamente, corren tiempos extraordinariamente favorables para el cultivo de la filosofía, pero a la vez son desafiantes, porque el exceso de información lleva a perder de vista el criterio para distinguir lo verdadero y encontrar lo esencial.

Por eso, OjoVoraz es un boletín que propone hacer filosofía en tu inbox.


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Que tengas un gran 2026

Desde una remota aldea de Costa Rica

Hola, Gonzalo por acá de nuevo.

Espero que hayas pasado una Navidad rodeado de afecto en este tiempo de recogimiento tan propicio para la reflexión.

Este correo es para comunicarte que retomaré el boletín de mi plataforma, OjoVoraz.

Sé que algunos de ustedes se suscribieron a Filósofo.com, un proyecto para el cual tenía la visión de convertirlo en escuela de filosofía en línea que capturara la esencia de la universidad, conectando a profesores con estudiantes de todo el mundo hispano.

Pero por ahora no quiero entrar en modo emprendedor. En esta década de mi vida privilegiaré el modo de autor, y ya veremos que pasa.

Quizás el amor excesivo por el dominio filosofo.com, y la posibilidad de construir un filósofo virtual en filosofo.ai, me presionaba a tener que hacer algo con estos dominios y no dejarlos ahí pastando solamente.

El filósofo emprendedor

Lo que me ha llevado a preguntarme por el filósofo como emprendedor del conocimiento. Hay ejemplos eminentes: Platón, Aristóteles y Epicuro. Esos tipos no sólo produjeron obra de la mayor calidad intelectual, sino que también fundaron sendos centros de investigación.

Yo me pregunto cómo sacaron el tiempo para distribuir las tareas sin perder foco en cada una y cómo podían cambiar tan fácilmente del modo emprendedor al modo autor.

Para que te hagas una idea: Aristóteles descubrió la lógica y Platón es el padre de la filosofía, aunque sus hijos no queramos aceptarlo (punto para Freud). Y no contentos con eso, dictaban clases a estudiantes avanzados y lecciones abiertas a un público general.

Lo que yo me pregunto es:

¿Quién financió la Academia y el Liceo?

¿Cómo levantaron capital?

¿Quién la administraba?

¿Tenían socios?

¿Cómo armaron un equipo para ejecutar la visión de una institución que hasta el día de hoy se nutre de sus principios?

De algún lado tiene que haber salido la pasta para las instalaciones, la biblioteca, y solventar la vida de los pensadores. Es interesante planteárselo, porque según ellos los intelectuales que profesan un saber aparente motivado por un afán desmedido de lucro, son sofistas y no filósofos.

Y me lo pregunto, porque para levantar Filósofo.com como academia de filosofía en línea no me queda otra que recurrir a inversionistas; a un tipo muy particular de inversionista. Uno que tenga la sensibilidad para la filosofía, pero que entienda de negocios, y que por lo mismo no apriete por el retorno de la inversión.

Es decir, ha de ser un mecenas dispuesto a financiar el proyecto simplemente porque es bueno que exista, aceptando que no le va a dar réditos económicos.

Al menos le va a poder contar a sus nietos que él contribuyó a la causa de los barbudos ociosos.

Quizás esta visión se deba a la ingenuidad con que leí a Aristóteles con 17 años, porque realmente le creí que el filósofo ha de ser autosuficiente en bienes exteriores, que se ha de bastar a sí mismo para poder liberar tiempo de ocio, única instancia donde la filosofía da frutos.

Porque el output del filósofo no se mide con KPI's: una buena idea puede tardar décadas en madurar.

Harrison Dillard, world record holder, jumping a hurdle.
Photo by Library of Congress / Unsplash

Mi joven yo lo tradujo a términos actuales pensando que el filósofo ha de ser al mismo tiempo emprendedor para poder ser financieramente libre. Ingenuo, porque emprender ya es complicado, como correr una maratón con vallas.

Desafío a cualquiera a pensar en un tema especulativo estresado por pagar cuentas, con hijos pequeños, y me diga después si el viejo Aristóteles no llevaba razón en eso. Hay impedimentos prácticos para el pensamiento filosófico.

Se requiere de una cierta serenidad interior, sin apremio, para pensar en la inmortalidad del cangrejo o el día de la marmota.

A mí me ha tomado la vida equilibrar mi vocación filosófica con esa libertad económica.

Lo que se viene el 2026

Te escribo desde la aldea de Costa Rica que ha sido mi hogar en los últimos cinco años.

Comenzaré con los envíos del boletín en uno o dos meses más y te agradezco de corazón si quieres continuar leyendo OjoVoraz.

La filosofía es hoy más importante que nunca.

¡Que tengas un gran 2026!