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Breve guía para escribir un super ventas del pensamiento

En mi búsqueda de la clave para convertirse en un escritor super-ventas, creo que encontré una primera pista: escribir sobre la sociedad y sus males. Mira los siguientes títulos y dime lo que tienen en común.

  • La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper, 1945
  • La sociedad del espectáctulo, Guy Debord, 1967
  • La sociedad de consumo, Jean Beaudrillard, 1970
  • La sociedad de la sociedad, Niklas Luhman, 1998
  • La sociedad líquida, Zygmunt Bauman, 1999
  • La sociedad de control, Jose F. Alcántara, 2008
  • La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han, 2012
  • La sociedad del espectáctulo, Mario Vargas Llosa, 2012
  • La sociedad de la información, Ricard Ruiz de Querol et at. 2013
  • La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han, 2015
  • La sociedad del miedo, Heinz Bude, 2017
  • La sociedad paliativa, Byung-Chul Han, 2021

Más allá de los méritos intelectuales de las obras, parece que un título del tipo "La sociedad de X" –donde X=cualquier dolencia social, vende bien.

Creo que la fórmula se puede reducir a una receta:

  1. Escribe sobre la sociedad
  2. Encuentra un elemento que la caracterize en ese momento histórico
  3. No temas reciclar material (como Vargas Llosa) o tírate algo aparentemente novedoso (como Chul Han)
  4. Saca una serie en base a distintas características, por ej.: cansancio I, transparencia II, paliativa III.
  5. Habla una y otra vez de los males que nos aquejan y encuentra un culpable (por lo general el capitalismo)
  6. Procura separar a los malos de los buenos
  7. Vende tu crítica al capitalismo a través de canales capitalistas como Amazon

Ahí la tienes.

Si sigues esos pasos quizás tu libro se convierta en un super ventas.

Y era sólo una leyenda urbana...

En la entrega de hoy te comparto un artículo para meditar sobre un asunto muy importante. Se hizo viral el 2022, porque se puso a prueba la hipótesis de que la depresión se debía a un desbalance en los niveles de serotonina en el cerebro. En una revisión de la literatura de los últimos 30 años, los autores no pudieron determinar una causalidad directa entre el desbalance químico cerebral con el trastorno anímico que se conoce como depresión.

Acá una muestra:

«El análisis sugiere que, a pesar de las protestas en contrario, la profesión tiene cierta responsabilidad por la propagación de una teoría que tiene poco apoyo empírico y la prescripción masiva de antidepresivos que ha inspirado" (Benjamin Ang, et.al. 2022)»

Pero, ¿cómo puede ser eso? ¿No que estaba científicamente demostrado? Al menos eso decían.

El estudio causó revuelo, porque contraviene esa arraigada creencia popular en la que se apoya la masiva prescripción de fármacos para tratarla.

«Nuestra opinión es que a los pacientes no se les debe decir que la depresión es causada por un nivel bajo de serotonina o por un desequilibrio químico, y no se les debe hacer creer que los antidepresivos funcionan al atacar estas anomalías no comprobadas»

Comenta Joanna Moncrieff, una de los autores de la investigación, psiquiatra y docente del University College of London.

Como era de esperar, sin demora se vino la objeción en una breve comunicación (por si quieres profundizar, en este enlace se encuentra el artículo y su respuesta). Los críticos apuntaron a que el estudio comete la falacia conocida como 'hombre de paja', donde se critica una posición que no era defendida por la contraparte. De forma esquemática: el estudio ataca la teoría de que la depresión se origina en un desbalance químico en el cerebro, y los críticos dicen que eso nunca fue defendido por nadie, al menos en la tradición psiquiátrica de Estados Unidos.

«El intento de vincular la psiquiatría académica, o la “psiquiatría” como profesión, con una “teoría del desequilibrio químico” generalizada y de base causal de las enfermedades mentales o los trastornos del estado de ánimo no está respaldado por la evidencia presentada por los autores. (George Dawson et.al, 2022)»

Al parecer no era más que una "leyenda urbana", como sostienen los respectivos títulos de cada estudio. Nunca nadie defendió una teoría del desbalance químico como causante de la depresión.

¡Efecto Mandela en esteroides!

Al contrario, precisan los críticos, la perspectiva académica siempre sostuvo un concurso multifactorial de influencias, porque nunca se ha podido determinar una causalidad 1:1. En mi opinión, la sola discusión abre una caja de pandora con respecto a la dolencia del siglo.

Me pregunto, entonces:

  • ¿por qué no se le comunicó debidamente al gran público que no existe tal teoría del desbalance químico?
  • ¿De qué manera está justificada la práctica médica de la prescripción de antidepresivos en vista de que no hay evidencia contundente para hacerlo?
  • ¿Qué tratan y cómo operan dichos fármacos, si la causa de la depresión no es un desbalance químico?
  • Si no hay una razón suficiente para tomarlos como medicamentos que tratan la causa de la enfermedad, ¿cuál es la razón para seguir haciéndolo?
  • ¿No conviene acaso llamar a tales medicamentos como lo que son: drogas, como cualquier otra?

Los defensores de la prescripción se justifican ante el estudio en que, al margen de la falta de correlación fisiología cerebral/depresión, las drogas «terapéuticas» mejoran la situación vital de las personas aquejadas por esta dolencia. Es decir, aunque no traten la causa de fondo, los antidepresivos permiten sobrellevar la enfermedad. Legítimo. ¿Pero no serán estas drogas tan solo un medio para silenciar la dolencia, al modo de un anestésico anímico como el soma de Un Mundo Feliz?

Sin embargo, quizás la filosofía aún tenga algo que decir al respecto. Por un lado, la ignorancia de las causas de la depresión permitiría relacionarla con la pregunta por el sentido de la vida y el lugar que la muerte tiene en ella. Albert Camus, por ejemplo, arranca una de sus obras con estas palabras:

«No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio»

Este escritor destaca las consecuencias existenciales de una vida absurda, sinsentido que se refleja en el mito de Sísifo. Quizás en algunos casos los antidepresivos impiden profundizar en la dimensión existencial del sufrimiento como oportunidad para reconducir la propia vida. Sentirse bien cuando uno debería sentirse mal, anula toda posibilidad de reflexión y aprendizaje. Nunca está demás recordar que una vida sin auto-examen no vale la pena ser vivida (Platón).

El otro aspecto en que puede contribuir la filosofía es que, al liberar la depresión del monopolio del estudio psiquiátrico, el modo de enfocarla permite una crítica al orden social y cómo eso impacta en la construcción de un proyecto personal. Pues, si la depresión sólo se tratara de un desbalance químico en el cerebro, bastaría con contrarrestarlo con otros químicos, y mantener el resto de las circunstancias vitales y sociales tal como están. Así, la visión cientificista de esta enfermedad acalla y excluye cualquier crítica al orden social vigente.

Y, a diferencia de la perspectiva médica que la concibe en clave salud-enfermedad, desde la filosófica clásica, la depresión se comprende en clave personal, como un mal interior percibido por la persona. Por eso un término más apropiado es sufrimiento, que describe una dolencia de la persona toda, no de alguna de sus partes; no se reduce, por tanto, a su estado de ánimo. Para la tradición filosófica, esa que ya no se enseña, la persona humana es el ser más sublime y perfecto que existe en la naturaleza, cuya existencia consiste en conquistar (por el intelecto) y manifestar (por el amor) su manera única de ser.

No me parece extraño, entonces, que si un sistema social anula esas posibilidades personales de sentido, exista una especie de contracción del horizonte vital que causa un dolor que sólo comprenden quienes lo han padecido. El dolor personal, que convoca lo más íntimo del ser y que por eso mismo incide en todas las dimensiones exteriores de la vida, sería el efecto de la percepción de un mal, de algo que falta a la persona. ¿Será que este fenómeno, reciente en la historia, de la ausencia de un sentido vital y de trascendencia genere una vacío difícil de soportar para quien es más consciente de dicha falta? El debate está abierto, pero ya me imagino a quiénes no les interesa que se discuta.

(Una pista: empieza con P- y termina en IZER).

Elon Musk y Aristóteles

Una de las cosas que me anima a escribir filósofo(.com) es contrarrestar la difusión mediática del cientificismo con algún tipo de contrapeso crítico. Qué es el cientificismo, te preguntarás. En palabras simples, es una actitud totalitaria de científicos y no-científicos por igual, basada en una posición filosófica, que lleva a la ciencia más allá de sus límites y prerrogativas, abogándose el conocimiento definitivo de la realidad sin dar espacio a cuestionamientos críticos, por medio de suprimir la discusión e imponer la verdad por la fuerza (asesinato de imagen, cancelación, y hasta cárcel).

Los partidarios de esta posición sacan conclusiones filosóficas a partir de una teoría científica, que se pone como premisa incuestionada de sus razonamientos. Aristóteles diría que los que piensan de este modo son sofistas que pasan gato por liebre.

I

Sin embargo, ningún filósofo que se precie de serlo, estaría en contra de la ciencia, porque está abierto vitalmente a la totalidad del saber y la verdad, dondequiera que ésta se encuentre, pero muchos filósofos (entre los que me incluyo) están en contra del cientificismo, su versión deformada.

Para Paul Feyerabend, por ejemplo, cuya lectura recomiendo a cualquiera que valore la libertad de pensamiento, sostiene que el racionalismo científico: "es una forma secularizada de la creencia en el poder de la palabra de Dios" (1978, p. 20) y que "los científicos son vendedores de ideas y artilugios y no sumos sacerdotes de la vida correcta”. Con la reciente pandemia nos vendieron lo segundo, y nos hicieron perder de vista lo primero.

O como comenta Edward Feser:

«si las afirmaciones de cualquier otro sistema de creencias entran en conflicto con lo que dicen los científicos, se sostiene que estos otros sistemas deben cambiar para adaptarse a la ciencia, y nunca al revés. Se considera que pensar críticamente implica pensar de acuerdo con la ciencia, y nunca implica criticar la ciencia misma»

Lamentablemente, a casi toda la divulgación la anima un espíritu cientificista que, a diferencia de un trabajo periodístico serio, nunca te muestra las posiciones contrarias o la discusión candente, sino que da por sentada cosas que son susceptibles de crítica. Scientia locuta, causa finita est. Pero la ciencia no habla, sino científicos, hombres de carne y hueso, tan débiles y mortales como nosotros, que se lavan los dientes y van al baño por la mañana.

Por eso gran parte de la labor de filósofo(.com) consiste en desenmascarar el cientificismo que busca suprimir la especulación filosófica, silenciándola del discurso público, como si no existiese, tomando prestado sus problemas, preguntas y lenguaje, como si perteneciera al cuestionamiento de la ciencia, y suplantándola por un pensamiento hegemónico. De lo que se trata es combatir el cientificismo en la misma medida en que se hace pasar por ciencia.

II

Dicho esto, resabios de la actitud cientificista se pueden ver en algunas afirmaciones del afamado billonario Elon Musk como un caso de silencio y omisión, donde identifica con la física lo que tradicionalmente ha sido la manera de pensar propia de la filosofía:

«los primeros principios son una manera de mirar al mundo tomada de la física»
The First Principles Method Explained by Elon Musk
Interview by Kevin RoseThe benefit of “first principles” thinking? It allows you to innovate in clear leaps, rather than building small improvements onto som...

En otra entrevista, cuando le preguntan cuál era el secreto de su manera de pensar, él responde:

«creo que un gran marco para pensar es el de la física, tú sabes, el tipo de pensamiento a partir de primeros principios»
Elon Musk first principle reasoning TED
how elon musk involve in three big companies

¿En qué consiste según Musk pensar de acuerdo con los primeros principios?

«significa que reduces las cosas a ciertas verdades fundamentales y después razonas a partir de ellas»

Es convincente el ceño fruncido de un millonario cuando habla, se respira esa aura de poder, pero no por eso es verdadero. Aunque no creo que Elon haya tenido mala fe, incurre en un error sofístico extendido por el cientificismo moderno.

III

El modo de razonar al que apela Elon es el método del viejo Aristóteles (siglo IV a.C): la analítica, consistente en descomponer un objeto para llegar a sus principios esenciales e indivisibles. Nada más que eso es filosofar.

El problema de Elon está en creer que pensar a partir de primeros principios es una cuestión propia de la física y no de la filosofía, a no ser que bajo la expresión "primeros principios" se entiendan equívocamente dos conceptos distintos e irreductibles entre sí. Pero la gracia de tales principios, es que son universales y por lo mismo transversales a todas las ciencias, tales como la contradicción, la identidad, entre varios más. Por ejemplo, el "yo pienso" es un principio evidente ante ti mismo e irreductible a cualquier fenómeno físico de la índole que sea.

Pero el viejo Aristóteles, el verdadero fundador de esta manera de pensar, la llamaba filosofía primera para distinguirla precisamente de la física como filosofía segunda:

«también la Física es una Sabiduría; pero no primera»

, decía el pensador griego

Lo propio de la filosofía frente a la física viene a ser, entonces, la especulación sobre tales principios y no tan solo su uso especulativo como, en efecto, sucede en otras ciencias particulares. Viene al caso distinguir, entonces, los principios propios de cada ciencia particular, como el espacio-tiempo de la física cosmológica, o las relaciones sociales de la sociología, o la salud de la medicina, de los primeros principios especulativos que son comunes a todos los saberes, como el "yo pienso" y la contradicción, por poner algunos casos. Es decir, no todo principio es un primer principio. A lo que en realidad alude Elon Musk es a los principios solamente.

En cambio, en palabras de Aristóteles, únicamente la filosofía es la disciplina que "ha de estudiar los primeros principios y causas" en su forma consumada como Sabiduría, porque:

«cognoscibles en grado sumo son los primeros principios y las causas, pues por éstos y a partir de éstos se conoce lo demás...»

¿Cómo llegamos, entonces, a la creencia de que pensar a partir de primeros principios es un quehacer propio de la física? ¿Por qué Elon dijo física en vez de filosofía?

IV

Me gustaría saber de adónde sacó esa idea, ¿de los físicos? ¿Dónde está escrito? Identificar esa hebra es adentrarse en la discusión de la filosofía primera y su relación con la física en la modernidad, porque, a diferencia de la historia habitual que cuentan por ahí, la ciencia moderna no refutó los principios de la metafísica tradicional -no veo cómo podría hacerlo-, sino tan sólo la relegó a un rincón desprestigiado del pensamiento hasta que lentamente cayó en el olvido. Y los filósofos del siglo pasado le dieron palos hasta dejarla agonizante. (Ya hablaremos de esta tan absurda como lamentable situación, incluso más que si Elon Musk dijera que los autos de su empresa Tesla son malos y no sirven para nada).

Pero, como no se puede hacer filosofía de manera neutra y ascéptica, sino que siempre está involucrado el yo del pensador, filósofo(.com) continúa con la filosofía primera y la tradición del platonismo originario, tradición más vieja que el hilo negro que algunos no quieren que salga a la luz pública y la tratan de sofocar por medio de todos los recursos disponibles, porque libera el pensamiento.

El mérito de la visión de Musk es que, sin advertirlo, está rescatando el valor del pensamiento deductivo para la vida cotidiana, lo que antes se llamaba sentido común: el admitir que existen principios verdaderos básicos de las cosas a las que la inteligencia tiene acceso directamente, prescindiendo -y a pesar de- intermediaciones institucionales.

¡Quien se iba a imaginar que un emprendedor rescataría el objeto de la filosofía primera, descubriendo el fuego e inventando la rueda! A fin de cuentas, como dijera Edward Feser, esta es "la venganza de Aristóteles", quien "lleva ahí veinticuatro siglos, sin despeinarse" (Lorenzo Silva).

¡Gracias, Elon!

El dogma del ateísmo científico

En tiempos en que la tecno-redención de la humanidad la llevará a un equilibrio perpetuo con la naturaleza, el ateísmo parece menos un tema filosófico que la consecuencia inevitable del avance científico. El paraíso en la tierra está a unas décadas de innovación. A fin de cuentas, los problemas existenciales del hombre no son más que problemas técnicos cuya solución depende de la correcta asignación de capital de riesgo a proyectos de investigación o la adecuada gestión estatal. Tecno-ciencia en vez de religión.

Pero, ¿qué es el ateísmo exactamente? ¿Religión, ciencia, filosofía o simplemente una actitud vital? Con el riesgo de ponerme un poco técnico, me limitaré a darte una perspectiva como insumo para tus propias respuestas.

I

En la medida en que el ateísmo niega el fundamento de la religión, cabe preguntarse de qué manera se opone a ella. Lo primero a considerar son los tipos de oposición que reconoce el realismo filosófico: o bien las cosas se oponen de manera contraria o contradictoria. ¡Atento esta distinción! (Existen otras dos oposiciones que no vienen al caso). Examinemos qué ocurre si el ateísmo es contrario a la religión.

Si fuesen contrarios, ateísmo y religión tendrían que caer bajo un mismo concepto, como sucede en esta clase de oposición. Por ejemplo, negro y blanco son contrarios, porque ambos son colores; par e impar, porque ambos son números; el amanecer contrario al atardecer, porque ambos son fases del día; el ignorante se opone al sabio en el conocimiento. De dónde habría que admitir que estos extremos comparten más de lo que parece a primera vista, pues, si fuesen contrarios, ambos serían religiones, de tal manera que el ateísmo vendría a ser la religión del más acá, una conclusión que ningún ateo estaría dispuesto a aceptar.

Por otro lado, si el ateísmo se opusiera a la religión de manera contradictoria, iría por el lado de la negación. Porque, allí donde la religión pone la afirmación "Dios existe", el ateo se le opone diciendo "Dios no existe". Aunque hay que tener en cuenta que negar algo no es tarea sencilla, ya que tengo que saber muy bien qué es aquello que estoy negando. ¿Qué niega el ateo? ¿La existencia de Dios? ¿De cuál Dios exactamente, el de Moisés, Jesús o Maoma? ¿O el recurso a Dios como explicación cosmológica? Creo que las respuestas a estas preguntas originan distintos modos de ateísmo.

II

Por otro lado, el ateo tiene pretensiones científicas en el sentido de que piensa que su posición es la correcta y verdadera. Es natural que piense así, porque en la medida en que se opone a la religión, no puede convivir con ella en el ámbito de la verdad. Si Dios existe, el ateísmo no sería más que una pose que nos dice más del estado sicológico de sus defensores que de la realidad de las cosas. Pero a ningún ateo le gusta ver su posición reducida a una mera actitud vital, sino que aspira a convertirse en una posición justificada, científica. De esta manera el ateísmo tiene pretensiones absolutas y universales tal como sus colegas religiosos. Si Dios no existe para él, no existe para nadie.

Y frente a tales pretensiones el ateo tiene solamente dos alternativas: o bien demuestra que Dios no existe, o bien lo acepta como un principio, al modo de un axioma sobre la composición de la realidad. Porque si hay algo en que los filósofos coinciden con los científicos es que los axiomas son proposiciones primeras e indemostradas. "Primeras" en el sentido que sirven de justificación para otras proposiciones o teoremas, e "indemostradas", en el sentido de que se aceptan como verdaderas sin prueba. No es posible demostrarlo todo.

Si no fuera el resultado de una demostración, que "Dios no existe" tendría que ser una premisa aceptada sin justificación. Pero el ateo se resistirá a aceptar que su posición es tan irracional y dogmática como la que critica. El ateísmo no debe ser cuestión de convicción personal, por lo que debe ser susceptible de crítica.

Por eso siempre les pregunto a los ateos cómo llegan a la conclusión de que Dios no existe. Insisto en que, si el ateísmo quiere tener pretensiones de ser algo más que una actitud vital, esta posición ha de ser el resultado de un razonamiento deductivo. Y me parece que se trata de una tarea ardua, puesto que uno tiene que encontrar las premisas adecuadas que te empujen con una fuerza irresistible a dicha conclusión.

Lo imporante, en todo caso, es que ya se oponga de manera contraria o contradictoria, el ateísmo es dependiente de la religión en la misma medida en que la negación depende de la afirmación y lo contrario de aquello que comparte con su opuesto.

III

Desde un punto de vista lógico, la conclusión del ateo es una negación. Y si atendemos a una regla básica de la lógica, según la cual de premisas negativas no se sigue conclusión, debemos asumir que al menos una de las premisas del ateo dice algo positivo sobre el mundo. Por ejemplo, si ningún ovíparo es vivíparo, y el erízo no es vivíparo, no se sigue conclusión. En cambio, si todo mamífero es vivíparo, y el erizo no es vivíparo, se concluye que el erizo no es mamífero: una negación.

Precisamente en esta posición se encuentra el ateo. Tiene que haber al menos una premisa afirmativa y otra negativa incluida en su razonamiento que permitan deducir la conclusión "Dios no existe". Y esa premisa afirmativa es problemática, ya que, o se acepta sin prueba como un axioma, o se justifica a partir de otras premisas. Pero este cuestionamiento no es infinito. En algún punto habrá que detenerse, es decir, en algún punto del razonamiento el ateo deberá aceptar un principio indemostrado. Por su retiscencia a definirse por una actitud vital, deberá apelar a una justificación científica de sus convicciones. ¿Y cuáles son esas premisas?

IV

El primer candidato es la presencia del mal en el mundo, el argumento habitual para negar la existencia de Dios. Pobreza, enfermedad, sufrimiento y muerte, no pueden convivir en un mismo universo con un Dios bondadoso. Pero no todos los pensadores tienen problemas con este dilema. El desafío intelectual está en cómo armonizar el mal del mundo con la bondad de Dios. En efecto, la presencia del mal no niega directamente la existencia de Dios, sino mediante bastantes rodeos intelectuales. Por lo mismo, dejo de lado la posición kantiana en la medida en que sus principios filosóficos no permiten dirimir la cuestión ni por la negación ni la afirmación de la existencia de Dios, sino que la ponen en suspenso y la reducen a un juego especulativo.

Pero, más allá de los detalles, lo importante para nuestro curso de pensamiento es si los ateos lo fueran por esta razón, su visión se apoyaría en una posición filosófica. Aunque no sé si estarían dispuestos a aceptar que su posición no se basa en la ciencia sino que en la filosofía. Y si no es la presencia del mal, ¿cuál es la premisa que permite concluir la negación "Dios no existe"?

Voy a responder con las palabras de Rupert Sheldrake (2012):

«La ciencia contemporánea se basa en la afirmación de que toda la realidad es material o física. No hay otra realidad que la realidad material. La consciencia es un subproducto de la actividad física del cerebro (p. 11)»

Te sorprenderá saber que este autor es un reputado biólogo, uno de esos conscientes de las cuestiones fronterizas entre ciencia y filosofía, que tiene una teoría fascinante sobre la formación de los seres vivos, la resonancia mórfica.

La cita aparece en su libro titulado El espejismo de la ciencia (2012). En inglés se llama The science delusion, literalmente "el engaño de la ciencia". Y el título es importante, porque su obra parece una respuesta al de su colega asimismo biólogo Richard Dawkins titulado The God delusion (2006), benignamente traducido como "el espejismo de Dios", el manual del nuevo ateísmo.

EL CREDO CIENTÍFICO por Rupert Sheldrake

"Aquí están las 10 creencias principales que la mayoría de los científicos dan por supuestas.

  1. Todo es esencialmente mecánico. Los perros, por ejemplo, son mecanismos complejos, en lugar de organismos vivos con sus propios objetivos. Incluso las personas son máquinas, “robots pesados”, en la vívida expresión de Richard Dawkins, con cerebros que son ordenadores genéticamente programados.
  2. Toda la materia es inconsciente. Carece de vida interior, subjetividad o punto de vista. Incluso la consciencia humana es una ilusión producida por las actividades materiales del cerebro.
  3. La cantidad total de materia y energía es siempre la misma (con la excepción del Big Bang, donde de pronto surgieron toda la materia y energía del universo).
  4. Las leyes de la naturaleza son fijas. Son las mismas hoy que al principio, y siempre serán idénticas a sí mismas.
  5. La naturaleza carece de propósito, y la evolución no tiene objetivo o dirección.
  6. Toda la herencia biológica es material y se transmite en el material genético, ADN, y otras estructuras materiales.
  7. Las mentes están dentro de los cráneos y no son más que actividades de los cerebros. Cuando observas un árbol, la imagen del árbol observado no está “ahí afuera”, como parece, sino dentro de tu cerebro.
  8. Los recuerdos se almacenan como huellas materiales en el cerebro y se borran con la muerte.
  9. Los fenómenos no explicados, como la telepatía, son ilusorios.
  10. La medicina mecanicista es la única que funciona.

Juntas, estas creencias configuran la filosofía o ideología del materialismo, cuyo supuesto central es que todo es esencialmente material o físico, incluso las mentes" (2012, p. 12)

«Estas ideas son poderosas, no porque la mayoría de los científicos piensen en ellas críticamente, sino porque no lo hacen...Pero el sistema de creencias que gobierna el pensamiento científico convencional es un acto de fe, encallado en la ideología del siglo XIX»

V

Como puedes ver, no hay otra premisa para los razonamientos del ateo que el materialismo, que acepta más ciegamente que cualquier dogma religioso. Bajo esa premisa también se ven llevados fácilmente a negar la experiencia íntima de los místicos, como la de San Juan de la Cruz, calificándola de ilusoria, pero nunca como una experiencia real que abre el mundo hacia lo trascendente.

El materialismo es una posición filosófica que los científicos aceptan en su forma mecanicista, según la cual en la naturaleza sólo concurren causas mecánicas carentes de toda finalidad. Pero es precisamente esta clase de creencias las que se tienen que discutir críticamente. De lo contrario, volvemos al totalitarismo intelectual que tanto molesta al ateo cuando proviene del religioso.

Por eso, si esta es la premisa de las conclusiones de los ateos, su posición es lo que en lógica se llama una petición de principio, donde se presupone lo que precisamente se debía probar, o se concluye lo mismo que se acepta en las premisas. A todas luces, no es que hayan demostrado alguna vez que Dios no existe, sino que lo presuponen al admitir que lo único que existe en la realidad es la materia, porque por definición el método matemático-experimental no puede ir más allá de los fenómenos materiales. Pero, ¿estamos todos obligados a ser materialistas?

El carpintero filósofo

El personaje del cual no se puede hablar de manera neutra, quien, dicho en positivo, siempre fue, es y será controversial: Jesús, el Nazareno. Ya sea que te hayas enojado, sorprendido o alegrado por su presencia en un escrito de filosofía, quizás te interesaría saber que en ciertas comunidades de la Antigüedad Jesús fue considerado como el mayor filósofo; por cierto, se trata de una manera ya olvidada de acercarse a su ministerio y quizás no sería desatinado refrescarla en los tiempos que vivimos.

En la moderna Siria encontraron, poco después de la Primera Guerra Mundial, una ciudadela cristiana del siglo III llamada Dura Europos, donde dormía la representación más antigua de los milagros: Jesús sanando al paralítico (foto de la portada). Más que un templo, se trataba de una casa acondicionada para el culto con el fin de protegerse de las persecuciones sasánidas. La construcción permaneció intacta hasta nuestros días.

Quizás por este motivo a los filósofos les encanta escribir sobre Cristo, los atrae como ninguna otra cuestión.

Sus paredes contenían pinturas que describían a Jesús como el buen pastor, el gran médico, el caminante de las aguas y también como filósofo. De hecho, un autor notó el detalle de que en la imagen va vestido con el atuendo típico de un filósofo antiguo, con su corte de pelo característico y su postura clásica de enseñanza. Bajo este aspecto de filósofo se lo representa haciendo milagros, enseñando y sanando (Johnatan Pennington, 2020, p. 5). De esta manera, los creyentes de Dura Europos fueron tan sólo una muestra de esa perdida creencia antigua en Jesús. Quizás por este motivo a los filósofos les encanta escribir sobre Cristo, los atrae como ninguna otra cuestión.

Antes de que dejes de leer, quisiera pedirte que consideraras que Jesús fuese realmente Dios, al menos como ejercicio intelectual. Déjame aclarar también que lo que defiende la religión cristiana no es la existencia de Dios, que ya los filósofos paganos hablaron de un Dios concebido como pura energía autocontenida que era principio del Universo, sino que lo propio del credo cristiano es la Encarnación de ese mismo Dios, cosa que excede cualquier afán humano de comprensión en la misma medida en que exige la fe.

Así que por un momento piensa que esto fuera verdad. ¿Ese Dios hecho hombre, cuando habitó entre nosotros, podría no haber sido filósofo?

Me parece interesante preguntárselo, porque el Dios Encarnado no excluye nada de la naturaleza propia del hombre, a la que no busca suprimir o reducir, sino más bien enaltecer y elevar a la participación de la vida sobrenatural. Y no hay nada más natural en el hombre que el deseo irrefrenable de saber, como dijera Aristóteles al comienzo de la Metafísica. Dicho de otra manera: la filosofía es la consumación de esa sed natural de conocimiento que hace del hombre un ser existencialmente inquieto.

A veces cuando leo estas sentencias me pregunto si la filosofía ya no es posible después de la venida de Cristo.

Por eso el Dios Encarnado se pudo haber eximido de todas las profesiones menos de la filosofía, que acaso no alcanza el estatuto de una profesión. Puedes verlo en que de alguna manera todos somos filósofos; pues la mayoría de la gente, más allá de su profesión u ocupación, tienden a una cierta filosofía personal, a perseguir un saber unitario sobre la realidad que les permita dar sentido a su vida. En cierto sentido las profesiones son complementos técnicos de la vida moral, donde se juega lo propiamente humano. De esta manera, Jesús el Nazareno, a la vez que carpintero, era un filósofo.

¿Y cuál era su doctrina?

Hay una lección que los filósofos deberían tomarse muy en serio. En el Evangelio de San Juan dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14:6). A veces, cuando leo estas sentencias evangélicas tiemblo entero y me pregunto si la filosofía ya no es posible después de la venida de Cristo. Observa como no dice que es un camino más junto Buda u otros maestros iluminados o profetas, sino que solo Él se autoproclama el camino, ¿hacia dónde? Pues hacia Dios mismo.

Después dice que es la Verdad misma, la verdad hecha persona y ya no un concepto abstracto como lo era para los filósofos paganos. En otro lugar, dice: "Yo soy la vid verdadera"(Jn 8:12). Me pregunto si los escépticos al negar que existe la verdad absoluta, o cuando algunos vivarachos te piden que les muestes La Verdad, así con mayúsculas, no estarán negando de fondo esta posibilidad.

Finalmente, cuando afirma que Él es la vida está siendo congruente con la aspiración de la filosofía en la Antigüedad donde la doctrina estaba al servicio de la configuración de un cierto modo de vivir.

Para concluir, te dejo lo que según Tomás de Aquino, doctor común de la Iglesia Católica, es el núcleo irreductible de la enseñanza de Cristo:

«El fin principal de la religión cristiana consiste en desprender a los hombres de las cosas terrenas y hacerlos tender hacia las espirituales” (Contra doctrinam retrahentium a religione, 1)»

¿Debemos considerar estas palabras cómo filosofía? ¿Existe una razón para excluirlas? ¿Por qué tomarlas menos en serio que, por ejemplo, los escritos posmodernos o algunos filósofos que son bastante menos coherentes?

En suma, la enseñanza del filósofo nazareno consiste en despreciar las cosas terrenas y desear las espirituales, todo lo contrario a lo que requiere un sistema de producción capitalista. ¿Será por eso que molesta tanto la enseñanza de Cristo en nuestro tiempo? En este sentido, la filosofía verdadera corre la misma suerte, puesto que en esta manera de concebir la vida económica el tiempo libre no puede emplearse en actividades improductivas, sino que ha de dedicarse al consumo o la productividad, los dos mandamientos del nuevo evangelio.

¿Física o filosofía?

«Está claro que esas distinciones son formales, pero es un poco como en el caso de los físicos que cada mes inventan una nueva partícula» (Jean Baudrillard)

Esta semana estuvo candente la noticia del premio nobel de física, por lo que aprovecharé la ocasión para comentar un tema recurrente en la divulgación científica como es la pregunta por la realidad que plantea la mecánica cuántica. Más allá de sus méritos o deméritos filosóficos, creo que tiene la virtud de recordarle al gran público la importancia de preguntarse qué es real, aunque se corre el riesgo de tomar dogmáticamente sus opiniones como si fueran la clausura definitiva del conocimiento, porque así es como se presentan habitualmente estas noticias.

I

Primero trataré de describir la gracia del experimento para luego comentarlo a propósito de la pregunta por la realidad. La página del Nobel dice lo siguiente:

«Un factor clave en este desarrollo es cómo la mecánica cuántica permite que dos o más partículas existan en lo que se llama un estado entrelazado. Lo que le sucede a una de las partículas en un par entrelazado determina lo que le sucede a la otra partícula, incluso si están muy separadas»

El concepto clave es el de estado entrelazado (entangled state) que se refiere a un sistema de partículas subatómicas en el que la acción de una sobre otra es simultánea e independiente de la distancia o los objetos que pudieran encontrarse entre ellas. Parece que el premio se le otorgó a los tres físicos por haber diseñado de forma independiente experimentos con fotones que permitiesen comprobar que existe dicho estado. Antes del experimiento, el concepto era ciertamente problemático, porque parecía contravenir la relatividad de Einstein quien ya en los sesenta se refería a esta teoría como una "espeluznante acción a distancia". El genio no se la compraba.

La relatividad prohibe que dos eventos distintos en el universo puedan ser simultáneos, porque no hay un tiempo absoluto más allá del marco de referencia provisto por un observador. La posibilidad de la instantaneidad era lo que perturbaba a Einstein. Lo interesante de este concepto es que los valores conocidos de una partícula permiten saber algo de la partícula entrelazada aunque estén separados por distancias interestelares. Realmente espeluznante. ¿Cómo llegamos entonces a la pregunta por la realidad? Nadie mejor que Morfeo en la película The Matrix para recordárnoslo:

«Qué es real. ¿Cómo se define real? Si estás hablando de lo que puedes sentir, lo que puedes oler, lo que puedes saborear y ver, entonces lo real son simplemente señales eléctricas interpretadas por tu cerebro»

II

Siempre me ha llamado la atención el por qué los físicos terminan hablando sobre lo que es la realidad, un asunto más propio de la filosofía. ¿Será que están haciendo un cierto tipo de filosofía con métodos matemáticos como los antiguos pitagóricos? Es cierto, todas las ciencias hablan de la realidad, pero de un aspecto de la realidad. Limitadas por su mismo carácter especializado no se cuestionan lo que es la realidad en su conjunto, sino que recortan un aspecto, una región de lo real, que dan por supuesto para realizar sus investigaciones.

Ninguna ciencia, salvo la filosofía, puede cuestionarlo todo incluso sus propios fundamentos. Por ejemplo, el sicólogo no se cuestiona si el paciente es real o si los males que padece lo son, sino que, suponiéndolo, investiga sus causas. ¡Imagínate que el médico se preguntara si el paciente es real! Del mismo modo, un matemático no se pregunta si los números, el punto, la recta y el plano son reales, sino que deja esta cuestión en suspenso, ya que no influye para nada en el resultado de sus cálculos. Pero, ¿qué hay en la mecánica cuántica que siempre termina en la cuestión de la realidad?

Algunos físicos se ven forzados a preguntarse por la realidad de las cosas cuando se enfrentan al mundo subatómico donde las intuiciones más básicas de la vida diaria dejan de tener validez. De acuerdo con la interpretación de Copenhagen de la teoría cuántica, que es la ortodoxia que se enseña a los físicos practicantes, el hecho de que las partículas carezcan de atributos, es decir, que estén indeterminadas en cuanto a sus valores numéricos antes de ser observadas "es, por supuesto, profundamente contrario a nuestras experiencias cotidianas".

La pregunta por la realidad aparece de esta manera cuando se introduce el concepto del observador en la medida en que éste influye de modo determinante en el fenómeno observado (uno puede preguntarse qué tan real es el mismo observador, porque si se trata de disolver la realidad en la interacción de partículas, ¿porque no disolvemos de una vez por todas también la realidad del que propone semejantes elucubraciones? En fin).

¿Qué hace una teoría del observador en medio de la física? Si se supone que a esta ciencia le compete describir el mundo natural, movimiento, cuerpos, interacción de fuerzas, ¿qué diablos hace en ella una teoría del conocimiento y, peor aún, una concepción de la realidad?

III

A propósito, Anton Zeilinger (2005), uno de los galardonados con el Nobel 2022, piensa que en el concepto de estado entrelazado "lo que está en juego es el propio concepto de realidad" y concluye con lo siguiente:

«Sugiero que no se puede hacer la distinción entre la realidad y nuestro conocimiento de la realidad, entre la realidad y la información. No hay forma de referirse a la realidad sin utilizar la información que tenemos sobre ella...Tal vez esto sugiera que la realidad y la información son dos caras de la misma moneda, que en un sentido profundo son indistinguibles»

¿Qué concepto de realidad maneja el autor? ¿Cómo llegó a dicho concepto? ¿Es uno y el mismo concepto de realidad que manejan todos los físicos? Oígamos al autor laureado:

«Sugiero que esta aleatoriedad del evento individual es la indicación más fuerte que tenemos de una realidad 'allá afuera' que existe independientemente de nosotros. (op.cit)»

En este pasaje puedes ver lo que él entiende preliminarmente bajo la palabra "realidad": la existencia de un mundo extramental independiente del sujeto que conoce; la idea de que las cosas tienen atributos independiente de si son observadas o no, si una manzana es dulce independiente de la mascada de Eva. "Exterior", "allá afuera", quiere decir distinto e independiente de la conciencia y sus actos de conocimiento, pues la observación -el concepto problemático de la física cuántica- es tan sólo uno de ellos. "Preliminarmente" se refiere al concepto que va a ser el objeto de su refutación. Pero, me parece que es un error pensar que la idea preliminar corresponde a la idea común y corriente de lo que es real, omitiendo la tradicional carga filosófica que tiene.

Por otro lado, si estás pensando que esto trae un cambio sustantivo en la concepción de la realidad, porque esta vez no es pura especulación sino que se ha comprobado científicamente, te animaría a que lo pensaras de nuevo. No porque lo diga un científico significa que se ha probado experimentalmente. En este caso, el autor no llegó a la concepción preliminar de realidad por medio de algún experimento, sino que es una idea que presupone para interpretar las implicancias filosóficas de la teoría física del observador.

Su argumento sostiene que no se puede distinguir la realidad del conocimiento que tenemos de ella, porque el observador incide de modo determinante en el valor de las observaciones. Pero dicho argumento sólo niega una determinada concepción de la realidad. No alcanza, por ejemplo, a la noción de Platón, Aristóteles o Tomás de Aquino, como tampoco roza el concepto de realidad radical de Julián Marías u Ortega. Al contrario, en cierto sentido lo confirma.

El autor se encuentra en medio de una cuestión fronteriza sin saberlo, porque "realidad" como casi todos los términos filosóficos, es un término equívoco, es decir, no tienen un único significado, sino que muchos y a veces contrarios. El autor está tocando de esta manera la cuestión de si el ser viene primero que el conocer, recapitulando la vieja tesis de Parménides de que son lo mismo (Diels, fr. 28 B 3). Sin embargo, para nuestra tranquilidad, como enseñaba Aristóteles, sólo es posible refutar una filosofía a partir de otra, pero pensar que la ciencia refute a la filosofía es sencillamente hacer mala filosofía.

IV

¿Será que los físicos actuales se han olvidado de que el venerado antepasado de su disciplina, Isaac Newton, tituló su obra "Principios matemáticos de la filosofía natural" (publicado en latín como Philosophiae Naturalis Principia Mathematica)? Al menos Newton se sabía estar escribiendo sobre filosofía de la naturaleza, consciencia que llegó hasta algunos científicos del siglo pasado. En efecto, cuando uno lee los escritos de Heisenberg y Einstein, puede advertir que estaban informados de las cuestiones fronterizas y la importancia de la formación filosófica. "La preocupación por la filosofía había sido parte de la educación y la cultura de los fundadores de la mecánica cuántica", apunta un escritor.

Sin embargo, me temo que los científicos de hoy piensan que todo eso está superado y suficientemente descartado, lo que se puede apreciar en la profunda ignorancia filosófica de personajes célebres como Neil de Grasse Tyson y el finado Stephen Hawking. La ignorancia en sí misma no es un pecado a menos que en la divulgación científica se toquen aspectos filosóficos como si fueran científicos. A propósito viene bien recordar lo que decía C.D. Broad: "las tonterías escritas por los filósofos sobre asuntos científicos solo son superadas por las tonterías escritas por los científicos sobre la filosofía" (1939).

De ninguna manera digo que entiendo el detalle de los cálculos ni los experimentos involucrados; lo que puedo decir con toda seguridad, no obstante, es que entrar en la discusión sobre la realidad es entrar de lleno en la filosofía. La idea moderna defiende la separación irreductible del mundo exterior con el sujeto pensante, la cuestión de fondo es si esta idea no está tambaleando y perdiendo vigencia. En este sentido, los descubrimientos de la física aportan a la cuestión fronteriza para complementarse con la reflexión filosófica.

Piensa el mono desnudo

Hoy te quiero hablar de las "cuestiones fronterizas", un asunto importante para adquirir la perspectiva filosófica. Se trata de aquellos aspectos del conocimiento en que la ciencia se topa con la filosofía. Desde la perspectiva opuesta quiere decir que el conocimiento de la realidad no se agota en la ciencia, sino que exige la especulación filosófica para completarse.

Las ciencias que más desarrollo tuvieron en el siglo pasado y donde resurgieron fuertemente las cuestiones fronterizas fueron la cosmología y la biología. En ambos casos, dichas cuestiones se plantean a propósito del origen del universo y el hombre, donde son limítrofes con la metafísica y la antropología filosófica. Lamentablemente no todos los científicos están informados de este asunto y algunos terminan haciendo filosofía sin darse cuenta, vendiendo por ciencia lo que es pura especulación.

Más que reconocer la propia ignorancia, es más fácil decir que prácticamente todo está demostrado y que tu rol al recibir la información de la boca de los científicos es aceptarla ciegamente luego de levantarte de la reverencia y decir amén. Por eso, si esta confusión sofística no tuviera tanto impulso totalitario, no sería necesario detenerse. (Creo que puedes ver dicho impulso cuando las verdades supuestamente científicas intentan imponerse por coerción estatal, leyes penales o por funa masiva, por no comulgar con el consenso de la mayoría). Dado que la mentalidad totalitaria crece con fuerza en nuestro tiempo, considero que vale la pena ponerlas al descubierto.

En la biología, la cuestión fronteriza más importante es el origen del hombre, ya que su misma existencia es paradójica en la medida en que es un animal peculiar. Algunos biólogos del siglo pasado redescubrieron la vieja cuestión de la inespecialización orgánica del hombre en comparación con el resto de los animales. En palabras del pensador español, Leopoldo J. Prieto: "ha sido mérito de los filósofos haberse percatado antes que los científicos de las características de la inespecialización orgánica típica del ser humano" (2017, p. 195). Lo que destaca el autor es que ciencia y filosofía coinciden en un punto fundamental de la antropología, no la actitud infantil de decir "yo lo vi primero".

Uno de los rasgos de esta inespecialización es el sugerente concepto del mono desnudo propuesto por el biólogo británico Desmond Morris (1928-): "hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo Sapiens" (citado por Leopoldo Prieto, p. 53). Nunca se me había ocurrido mirar mi propio cuerpo y darme cuenta de que no se requiere ningún estudio científico para comprobar que, a diferencia de los monos de los que tanto dicen que desciendo, no tengo el cuerpo cubierto por una alfombra de pelo. La desnudez del hombre es un hecho evidente que ha de ser explicado; no el resultado de una investigación científica. ¡Gran revelación!

El cuerpo del hombre carece de la protección contra el calor y el frío con que la naturaleza provee a las demás especies. No obstante, el hecho de que pueda vivir en cualquier ambiente es posible, precisamente, porque por su biología no está predeterminado a vivir en ninguno. A fin de cuentas, su cuerpo desnudo es signo de una miseria biológica. Pero, gracias a una especial característica suya, la técnica, el hombre puede confeccionar instrumentos y modificar la naturaleza. Por ejemplo, tengo la fortuna de vivir en la selva de Centro América entre mucha naturaleza virgen, y siempre pienso que el hombre no está hecho para vivir en este ambiente por la gran cantidad de amenazas hostiles que habitan entre los árboles, al mismo tiempo en que podría vivir acá tanto como en Alaska cerca del ártico.

Por esta falta de determinación biológica, la relación del hombre con el medio no es de adaptación sino de modificación. No tiene alas, pero construye aviones; se ve ridículo si intenta sumergirse como un delfín, al que opaca con los submarinos; se congelaría en el ambiente del oso polar, pero construye bases permanentes para conocer la realidad de ese ambiente (de hecho, aprovecha de estudiar al oso polar y sacarle fotos a la deriva en un iceberg para mostrar como su ambiente se deteriora).

La desnudez del cuerpo humano muestra que el hombre no está restringido a ningún aspecto de la realidad (por eso puede estar en todos, incluso en marte o en mundos imaginarios). Pareciera, entonces, que lo distintivo del hombre no es tanto su cuerpo desnudo, como su razón. Pero, "el animal racional de antaño -se queja Prieto- ha sido degradado a la condición de simple simio lampiño". Y de esto es lo que algunos te van a intentar convencer: de que la asombrosa excepción biológica no dice nada del ser que la ostenta; de que no hay diferencia esencial entre hombre y mono, sino tan sólo adaptativa.

Sea como sea, la cuestión fronteriza radica en identificar lo que es presupuesto (una idea concebida y definida antes del estudio empírico de la realidad), de lo que es hipótesis y experimentación. La filosofía se mete ahí donde están los presupuestos, preguntándose cuáles y cuántos son, y por su verdad. Alguien perfectamente educado en las mejores universidades del mundo puede partir de presupuestos falsos. Hay que estar prevenido para ello. Para el caso de la antropología filosófica, el gran presupuesto es el mismo hombre que encarna la figura del investigador (estudia lo que él mismo es).

Como es habitual, ante la pregunta ¿qué es el hombre?, te verás enfrentado a la opción naturalista que lo reduce a un mono especial, pero monito al fin y al cabo, donde la antropología es tan sólo un capítulo de la zoología; o bien, desde la perspectiva filosófica, a comprenderlo como una criatura de otro orden, que no se define por ser mono, sino por ser racional, es decir, por estar abierto a la totalidad de lo real gracias a su inteligencia.

Algunos biólogos, como A. Portmann (1897-1982), reconocen que el estudio del hombre es imposible de llevar a cabo sin una idea preconcebida de lo que es; es decir, libre de todo presupuesto. Cualquier estudio científico buscará a tientas si desconoce lo que ha de buscar. Lo que quiere decir (quería terminar con mis propias palabras, pero Leopoldo J. Prieto es un pensador extraordinario) que: "privada de una forma de racionalidad no experimental-cuantitativa, sino filosófica, la antropología es un proyecto inviable. En el hombre es más lo que no se ve que lo que se ve" (p. 38). Para pensársela, ¿no?

Una pequeña universidad

Si te dijera que filósofo(.com) pretende convertirse en una universidad, seguramente pensarás que la megalomanía de este tipo es una razón suficiente para anular la suscripción. Pero, aunque parezca una empresa ambiciosa, mis pretensiones con el sitio son modestas. No aspiro más que a construir una comunidad en torno al saber filosófico por el mero gusto que conlleva: reunir a unos cuantos gatos que les gusta leer, conversar y preguntarse cosas. Con esto pretendo recobrar el sentido genuino de universidad que es originariamente filosófico.

Todo comenzó con las universidades medievales de Paris (1257) y Londres (1096), sin desconocer la de Bologna (1088). Pero es interesante y paradójico que la más antigua de América no fue Harvard (1636), sino que la anteceden la universidad San Marcos de Lima, Perú (1551), mismo año que se fundó la Real de México; la San Fulgencio de Ecuador (1586); la de Córdoba, Argentina (1613); la Javeriana de Santa Fe, Colombia (1623) y la Mayor Real de Chuquisaca, Bolivia (1624). ¡Seis universidad hispanas antes que el ícono de la Ivy League! (¿Qué cresta nos pasó?)

El curioso hecho de que nuestra época haya decidido conservar una sola institución del mundo Católico Medieval, la universidad, su gran invento, se explica, porque la universidad es de esas instituciones naturales, en el sentido de que se desprende de la naturaleza humana. Por eso, en cualquier época en que se den ciertas condiciones materiales, surgirá espontáneamente la universidad, la reunión libre de un grupo de personas en torno al saber.

En el sentido más profundo, entonces, la universidad se refiere a la comunidad de maestros y estudiantes (universitas magistrarum et scholarium) abiertos de manera irrestricta al conocimiento (universitas scientiarium), es decir, al aporte de todas las ciencias a la comprensión de la realidad. Todo el esfuerzo científico no tiene otro fin que éste.

En palabras del gran historiador de las ideas, Etienne Gilson: "Universitas, o la Universidad, en la Edad Media no significa el conjunto de facultades establecidas en una misma ciudad, sino el conjunto de personas, maestros y alumnos que participan de la enseñanza impartida en esta misma ciudad"...y continúa "basta que haya habido necesidad de dirigirse al conjunto de profesores y estudiantes residentes en un mismo lugar para que dicha expresión ["universidad"] sea naturalmente empleada".

Como nos cuenta este autor, lo característico de la universidad no es la organización en facultades en vista a su propósito de formación profesional, sino que se define más bien por el lugar en el que se reúnen distintas personas con el objetivo común de lograr el saber a través del intercambio de ideas.

Como alternativa, filósofo(.com) pretende ser ese lugar de reunión virtual en el que distintas biografías se juntan para intercambiar ideas filosóficas, las únicas que permiten comprender el mundo en su totalidad. Ya que sin filosofía el hombre queda como náufrago en la existencia. Acá se encuentra el origen filosófico de la universidad más allá de su dimensión técnico-profesional.

Si a esto le agregamos que la lengua de Cervantes es la segunda más hablada del mundo y la tercera de internet, con casi seiscientos millones de hablantes, además de su notable capacidad de expresión filosófica, el sitio podría convocar eventualmente a cualquiera que comparte nuestra lengua y la riquísima historia hispanoamericana.

Espero que este primer correo pueda ser el primero de una serie que me sobreviva. Por eso agradezco nuevamente tu participación. Me puedes ayudar compartiéndolo o recomendando el sitio a quien le pudiera interesar.

¡Buena lectura!

Gonzalo